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¿Cómo se mide el costo de una pandemia?

Actualizado: 8 de dic de 2020



El pasado mes de octubre los profesores del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard David M. Cutler y Lawrence H. Summers, publicaron en el Journal of the American Medical Association un artículo titulado The COVID-19 Pandemic and the $16 Trillion Virus, en el cual realizan un análisis muy descarnado del impacto de la pandemia en la economía estadounidense que incluye no solo el valor de la producción pérdida sino también el de las vidas destrozadas tanto de los que murieron por la enfermedad, como las de aquellos que quedaron detrás

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El pasado mes de octubre los profesores del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard David M. Cutler y Lawrence H. Summers, publicaron en el Journal of the American Medical Association un artículo titulado The COVID-19 Pandemic and the $16 Trillion Virus, en el cual realizan un análisis muy descarnado del impacto de la pandemia en la economía estadounidense.


En ese artículo los autores sostienen que la crisis del COVID-19 es la mayor amenaza a la prosperidad y el bienestar de los EE.UU. desde la Gran Depresión de la década de los treinta del siglo pasado. Para la estimación de los costos totales de la enfermedad se tomaron en cuenta la mortalidad, la morbilidad, el impacto en la salud mental y las pérdidas económicas directas, todo bajo el supuesto de que la crisis de salud se logra controlar para el otoño boreal de 2021.


Desde el comienzo de esta crisis 60 millones de personas han solicitado la cobertura de seguro por desempleo; a razón de un millón de solicitudes por semana, rompiendo el récord histórico previo de 695 mil aplicaciones por semana en octubre de 1982.


Aunque el Gobierno Federal a través de una variedad de subsidios a empresas y empleados, logró reducir las pérdidas causadas por el confinamiento inicial, no ha podido eliminar los efectos de largo plazo representados por la pérdida del producto económico, que según la Oficina de Presupuesto del Congreso de EE.UU., puede estimarse en 7,6 billones de dólares que se distribuirá a lo largo de la próxima década.


Las pérdidas causadas por la muerte de personas son mucho más difíciles de estimar pues no sólo incluyen a víctimas directas de la enfermedad, sino también a muertes por otras causas que pueden representar hasta un 40 por ciento de las victimas del COVID-19. De mantenerse las tendencias vigentes a octubre de 2020, 625 mil personas pudieran haber muerto a finales de 2021.


Aunque el precio de una vida es invaluable, los economistas han acuñado un concepto denominado Vida Estadística, que se refiere a la valoración monetaria que la sociedad atribuye a evitar que uno cualquiera de sus miembros fallezca, aunque no existe un valor universalmente aceptado de dicha medida, en temas relacionados con la fijación de políticas ambientales y de salud pública se estima en el rango de 7 a 10 millones de dólares, por lo que la perdida por muertes prematuras en EE.UU. entre los años 2020-2021 ronda en el orden de 4,4 billones de dólares.


Un tercio de los sobrevivientes al COVID-19 presentaran muertes prematuras o enfermedades crónicas de larga duración, llegando su número a ser hasta siete veces mayor que los que mueren directamente por la enfermedad. Al suponer un ajuste de un 35 por ciento en la esperanza de vida para tomar en cuenta no solo la cantidad de años perdidos sino también el deterioro en calidad de vida, se estima que pueden sumarse a los costos de esta enfermedad otros 2,6 billones de dólares.


El impacto del COVID-19 también alcanza a quienes, sin sufrir la enfermedad directamente, viven cuadros depresivos producto del encierro, de la pérdida de seres queridos y otros cambios en sus vidas. En el año 2019, el 11 por ciento de los adultos estadounidenses decían sufrir de depresión o ansiedad. Tal número se ha elevado a 40 por ciento en el 2020; cuando dicha condición dura un año, el sistema de salud estadounidense le imputa un costo de 20 mil dólares por persona, lo que da un total de 1,6 billones de dólares, completándose así la macabra suma de 16 billones de dólares estimada por Cutler y Summers, tal monto es equivalente al 90 por ciento del PIB del país, y sí se dividiese entre grupos familiares de 4 personas, sería cercano a 200 mil dólares, la mitad por ingresos perdidos debido a la recesión y la otra por deterioro de salud y reducción de la esperanza de vida.


El costo de la Gran Depresión fue la cuarta parte de lo que podría costar esta pandemia, pero afortunadamente, no todos los cálculos mostrados en el artículo son tan depresivos. Se estima que el retorno obtenido por la inversión en detección de paciente positivos, el seguimiento de los mismos y su aislamiento para romper la cadena de contagios, es 30 veces el valor del monto invertido.


Estos grandes avatares deberían traer consigo importantes aprendizajes, entre ellos el reconocer la importancia de invertir en servicios de salud y en la infraestructura en que se prestan, pues estas inversiones potencian la capacidad de los individuos para enfrentar los desafíos de una pandemia y de las miles de enfermedades causadas por la mala alimentación, los malos hábitos de vida y por unas políticas públicas mediocres que se activan cuando es muy tarde y muy costoso.

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