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Después de la invasión: elementos a tomar en cuenta luego de un gran evento político


Eventos geopolíticos como la reciente invasión de Rusia a Ucrania inundan la prensa especializada de piezas de análisis que más que orientar tienden a confundir al público en general. En este tipo de análisis el principal problema es distinguir impactos de corto plazo, que pudieran conducir a movimientos tácticos dentro de una estrategia de inversión, de los impactos de largo plazo que obligan a modificar fundamentalmente las premisas con las cuales se manejan los portafolios de inversión. En esta columna revisaremos el impacto de la invasión sobre el mercado accionario estadounidense en el corto plazo, así como en las tasas de interés y en el panorama de inversión, que a largo plazo, emergerá de esta crisis geopolítica.

 

Eventos geopolíticos como la reciente invasión de Rusia a Ucrania inundan la prensa especializada de piezas de análisis que más que orientar tienden a confundir al público en general. En este tipo de análisis el principal problema es distinguir impactos de corto plazo, que pudieran conducir a movimientos tácticos dentro de una estrategia de inversión (liquidar algunas acciones, comprar otras cuyos precios lucen excesivamente castigados) de los impactos de largo plazo que obligan a modificar fundamentalmente las premisas con las cuales se manejan los portafolios de inversión (¿Debemos seguir invirtiendo en China? ¿Qué sucederá con el sector petrolero?).


En esta columna discutiremos algunos elementos a tomar en cuenta para poder distinguir los cambios de corto y largo plazo que se producirán en los mercados financieros mundiales una vez que la crisis ruso-ucraniana se transforme en un nuevo equilibrio regional.


El impacto de un evento caótico en los mercados bursátiles

Ryan Detrick, el jefe de estrategias de mercado de LPL Financial, un banco de inversión que sirve a más de 20 mil asesores bursátiles, ha realizado un estudio de las caídas y repuntes de las acciones de EE. UU. después de invasiones, asesinatos, embargos, ataques terroristas y otros eventos caóticos, y llegó a la conclusión que el impacto en los mercados tienden a ser de corta duración.


Las acciones estadounidenses tardaron 31 días en recuperarse después de los ataques terroristas de septiembre de 2001, y 65 días después de la Ofensiva Tet de 1968, que fue una gran escalada durante la Guerra de Vietnam. Los reveses más largos para las acciones en la lista de Detrick fueron 189 días después de la invasión de Kuwait por Irak en 1990 y 307 días luego del ataque de 1941 a Pearl Harbor.


Sin embargo, en el caso de los rendimientos bursátiles posteriores a los shocks geopolíticos, ha habido una clara división entre los eventos que desencadenaron recesiones y los que no. En ambientes recesivos, la caída de rendimientos observada un año después es del orden de 11 por ciento, mientras que cuando el crecimiento económico no se detiene se han observado retornos positivos del orden del 11 por ciento.


Desde el año 1980 cada vez que el mercado estadounidense ha sufrido una corrección en el rango del 10 al 15 por ciento, el retorno anual medido desde el punto más bajo de la corrección ha sido en promedio 22 por ciento. Lamentablemente, el punto más bajo se identifica después que ha sucedido y cuando buena parte del beneficio mencionado ya se ha materializado.


El impacto en las tasas de interés

Para la Reserva Federal (FED), que es sin duda alguna el banco central más relevante para el mundo occidental, se agudiza un dilema que surgió a finales de 2021 y es: subir de manera importante las tasas de interés para combatir la inflación versus hacerlo de manera discreta para minimizar el impacto recesivo de la invasión rusa en la economía mundial.


Rusia es un proveedor energético de gran peso para la economía europea, y de materias primas agrícolas como el trigo, por lo que las restricciones en el flujo de estas mercancías tendrán un gran impacto en la inflación mundial.

El alza de las tasas de interés deprimirá el precio de los títulos de renta fija ya emitidos, pero permitirá que el dinero fresco se coloque a rendimientos más altos.


La FED tendrá la excusa de no acelerar el paso del alza de las tasas de interés para no precipitar una recesión, comprando tiempo para ver como la economía mundial digiere simultáneamente los cuellos de botella de las cadenas de suministro debido al Covid con el alza de los precios de las materias primas alimentarias y energéticas patrocinadas por V. Putin.


Es probable que expectativas recesivas hagan que los consumidores estadounidenses y de la eurozona reduzcan sus gastos como respuesta a la incertidumbre económica. El impacto de este comportamiento no es sencillo de cuantificar. Indudablemente las tasas de interés subirán, cuánto y hasta cuándo son las preguntas a responder.


La aparición de un nuevo panorama de inversión


Rusia y China, juntas o por separado tienen más de una década construyendo un nuevo orden internacional donde ambas naciones aspiran ser el centro de un sistema solar en donde las economías satélites les den masa crítica para construir mercados internos donde colocar sus tecnologías, más en el caso chino que en el ruso, y donde adquirir materias primas e insumos de proveedores confiables.


Esta nueva realidad, insinuada por el tercer término en el poder que aspira obtener el presidente Xi a finales de este año, nos hace pensar que la idea de que la economía china se abriría masivamente a la inversión internacional una vez resueltos los problemas de gobernanza de las empresas nacionales que cotizan en bolsa y se eleven los estándares contables, es cosa del pasado.


China es un país complejo, donde las purgas de enemigos políticos y económicos del Partido Comunista Chino, o los cambios dentro del modelo de desarrollo nacional en aras de reducir las brechas de desigualdad, pueden de la noche a la mañana causar grandes pérdidas económicas a inversionistas ingenuos.


Es indudable que la construcción de un gran bloque económico requiere de capital internacional, y el potencial de crecimiento de China siempre encontrará inversionistas dispuestos a tomar el riesgo político de lidiar con los vaivenes del partido, lo que no es obvio es que lo hagan a través de los vehículos de inversión tradicionales, vía la compra masiva de bonos y acciones de oferta pública.


Los inversionistas institucionales occidentales verán aumentadas las restricciones para colocar dinero en el gigante asiático. Los fondos de capital privado se verán en la obligación de dar mayores explicaciones a sus organismos de seguridad nacional sobre sus movimientos en Rusia y en Asia. Y estas son tendencias que apenas comienzan a consolidarse.

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