• Arca Análisis Económico

Drama en tres tiempos: la Unión Europea, EE.UU. y China en un mundo en transición


El debilitamiento de las relaciones políticas y comerciales entre la Unión Europea y EE.UU. con China plantean un nuevo orden en el cual los actores involucrados tratarán de reducir su vulnerabilidad tratando de ser autosuficientes en temas energéticos, tecnológicos y comerciales.


¿Cómo quedan los inversionistas institucionales en este orden emergente? Muy expuestos a la volatilidad de precios de los activos financieros que siempre acompaña a la incertidumbre política. Muy expuestos a las tendencias inflacionarias que trae consigo la desglobalización y muy presionados para tomar partido por alguno de los dos gigantes que ya, al menos en términos comerciales, se declararon la guerra.

 

El pasado 10 de octubre de 2022, Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad, dirigió unas palabras de apertura en Conferencia Anual de Embajadores de la UE 2022. Frente a este grupo reconoció uno de los grandes problemas que enfrenta esta región desde hace varios años y es el haber desvinculado las fuentes de su prosperidad de las su seguridad.


En otras palabras, la prosperidad europea se apoyaba en dos pilares. El primero de ellos, el de la energía barata procedente de Rusia, la cual se suponía era asequible, segura y estable. El segundo, el del acceso al gran mercado de China, que ofrecía la posibilidad de exportar bienes de alto valor agregado e importar una amplia gama de productos que incluían desde los últimos avances tecnológicos hasta productos de consumo masivo a precios muy económicos.


El conflicto de Ucrania ha mostrado a los europeos que las fuentes de prosperidad deben ser reconstruidas y en el proceso deberán evitar repetir variantes de los errores del pasado. Depender energéticamente de EE.UU. o de los países del Golfo Pérsico es cambiar un socio comercial inadecuado por otros que en algún momento podrían repetir la conducta de los rusos.


Generar una nueva matriz energética para Europa, representará no sólo un enorme esfuerzo económico, sino también aceptar un perfil de precios energéticos muchos más altos de los que Rusia les tenía acostumbrados con el impacto inflacionario de largo plazo que dicha matriz trae consigo.


La disminución de la participación de China en la mezcla de exportaciones de países como Alemania es un desafío de marca mayor.


Pero mientras el Alto Representante Borrell describía a los miembros de su cuerpo diplomático el nuevo mundo al cual ya nos estamos enfrentando, el Presidente Biden lanzaba una importante medida para desacoplar tecnológicamente a su país del gigante asiático.


A partir de este momento China pierde el acceso a la alta tecnología desarrollada en EE.UU. Las nuevas restricciones no se limitan a la exportación de chips semiconductores estadounidenses de alta gama. Se extienden a cualquier chip avanzado fabricado con equipos estadounidenses. Esto incluye a los exportadores de alta gama de Taiwán, Corea del Sur o los Países Bajos.


La prohibición también se extiende a las "personas estadounidenses", que incluye no solo a los ciudadanos estadounidenses sino también a los residentes.


Estas nuevas restricciones acaban con las estrategias de producción global, y obligan a las empresas a tomar partido por alguna de las dos principales economías del mundo. Este desacoplamiento tecnológico tendrá consecuencias mayores ya que los chinos no solo dejarán de tener acceso a componentes que podrían ser usados para la producir equipos bélicos, sino también para la producción de equipos que mejoran la calidad de vida de la sociedad en general.


Los cambios inducidos por los conflictos políticos chino-estadounidense que obligan a ajustar los modelos de negocios de las empresas internacionales también tendrán un impacto en la estructura de precios de bienes y servicios creando presiones inflacionaria de largo plazo.


Los europeos se preocupan por los cambios en sus pilares de prosperidad, el Presidente Biden por garantizar que los chinos no avancen en su meta de rescribir el libreto de la geopolítica mundial. Pero, en el caso de China, ¿qué ocupa al Presidente Xi?


Sí los entretelones del desarrollo del Vigésimo Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) nos dan una pista, podríamos afirmar que las preocupaciones del Presidente Xi son dos. La primera de ellas, es consolidar una nueva elite que le permita conservar el poder de manera indefinida, y la segunda demostrar que la innovación y el desarrollo científico y tecnológico pueden dirigirse desde la política.


Mientras, Deng Xiaoping se preocupaba por impulsar el crecimiento económico del país pagando el precio de ampliar las brechas de desigualdad entre la población, el presidente Xi tiene como prioridad alcanzar “la prosperidad común” aunque esto implique sacrificar parte de los logros económicos de los últimos 40 años.


Dentro de la nueva elite china no están los magnates que gozaron del favor de Deng Xiaoping. Al punto en que la asistencia del sector privado al congreso del PCCh ha caído casi un 50 por ciento desde que Xi Jinping asumió el poder. Estos empresarios son percibidos hoy en día como una amenaza potencial para el partido.


En esta nueva edición del congreso del PCCh solo 18 de los 2.296 delegados ocupan puestos ejecutivos en grupos privados y sólo tres de ellos representan a las 500 empresas de mayor tamaño del país. Eso se compara con 34 ejecutivos en el congreso de 2012, cuando Xi asumió el cargo, y 27 en el 2017. Esta nueva elite es más valorada por su lealtad al presidente Xi que por sus méritos empresariales.


¿Cómo lograr que la nueva elite sea el brazo ejecutor de la visión que el Presidente Xi tiene sobre la innovación y el desarrollo científico y tecnológico? Esta pregunta aun no tiene respuesta, pero es sin duda alguna es uno de los temas más acuciantes para quienes detentarán el poder en el próximo quinquenio.


En el corto plazo, el tejido empresarial chino sufrirá una fuerte sacudida. El sector inmobiliario y las fintech cederán su protagonismo a aquellas actividades que reduzcan la vulnerabilidad del país y consoliden su autosuficiencia.


China tendrá que acelerar el desarrollo de los chips semiconductores de alta gama, de los cuales Taiwán, el hijo descarriado del País del Centro, nombre con el que los chinos denominan a su país, es el principal productor mundial.


Mientras tanto los europeos tendrán que afrontar los retos energéticos y tratar de colocar en otros mercados los bienes y servicios que hoy colocan en el gigante asiático.


Los dos grandes partidos políticos estadounidenses competirán el uno con el otro por mostrar quien es más agresivo enfrentando las amenazas que vienen de Asia.


¿Cómo quedan los inversionistas institucionales en este orden emergente? Muy expuestos a la volatilidad de precios de los activos financieros que siempre acompaña a la incertidumbre política. Muy expuestos a las tendencias inflacionarias que trae consigo la desglobalización y muy presionados para tomar partido por alguno de los dos gigantes que ya, al menos en términos comerciales, se declararon la guerra.

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