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El nuevo reto de la banca de inversión: democratizar sin lesionar a los pequeños inversionistas



Resumen

El nuevo modelo de negocios de la industria de manejo de activos financieros tiende a sustituir los ingresos devengados por comisiones, por los generados por el otorgamiento de préstamos contra haberes y el cobro de comisiones por dirigir los volúmenes transaccionales a los intermediarios bursátiles interesados en recibirlos.


Este modelo emergente de negocios necesita un gran volumen de clientes, lo que ha favorecido la captación de pequeños inversionistas, que no siempre tienen una adecuada educación para incursionar en los mercados de capitales. Aunque la democratización de los mercados financieros es deseable, cuando se hace con inversionistas desinformados puede ser contraproducente.

En los mercados financieros los productos y servicios se desarrollan para una elite que puede pagar por ellos, y en esa fase de introducción se producen aprendizajes que posteriormente permiten aumentar la escala de producción de tales innovaciones, hasta que finalmente son de acceso universal. Un buen ejemplo de ello, lo refleja la universalización de las cuentas de inversión.


En el pasado los bancos de inversión ofrecían servicios de manejo de portafolios de inversión que incluían la compra y venta de títulos valores, las asesorías, que implícitamente vendían el producto de los departamentos de investigación de tales instituciones, y las operaciones de crédito garantizadas con los títulos financieros de los clientes.


Este modelo de negocios está perdiendo vigencia debido al impacto de las nuevas tecnologías y los cambios regulatorios. Las tecnologías que permiten el manejo masivo de datos y la incorporación de algunos elementos de inteligencia artificial en la gestión cotidiana de los portafolios de inversión, ha reducido la intensidad del uso de mano de obra en esta industria, por lo que ya no es necesario tener un cliente adinerado que pueda costear una estructura de manejo de activos relativamente costosa. Muchos clientes, con patrimonios modestos también pueden hacer viables a los bancos de inversión.


Adicionalmente las presiones de los organismos reguladores, particularmente los europeos, han obligado a la banca de inversión a desglosar los componentes del costo de sus servicios. Pasando de un esquema de remuneración basado en comisiones sobre las transacciones de compra y venta, o un pago trimestral calculado como un porcentaje de los haberes de los clientes, a uno de comisiones decrecientes, donde los servicios de investigación solo pueden ser cobrados cuando el cliente los requiere explícitamente.


En mercados financieros muy competidos las comisiones de compra y venta de títulos valores van convergiendo a la gratuidad, por lo que los bancos de inversión viven de los préstamos en margen (financiamiento contra haberes de los clientes) y de direccionar las transacciones de sus clientes a grandes intermediarios a cambio del pago de una comisión. Tales intermediarios son las bolsas de valores y los llamados Dark Pools, que son mercados extrabursátiles a los cuales tienen acceso inversionistas institucionales que transan grandes bloques de títulos valores.


En la medida en que la industria del manejo de portafolios de inversiones tiene como piedra angular el poseer un gran volumen de clientes que transan frecuentemente, se dan todos los incentivos para captar pequeños inversionistas, en un contexto donde es barato atenderlos.


La incorporación de estos pequeños inversionistas tiene grandes beneficios para la sociedad, pues la democratización de capitales facilita el cumplimiento de metas futuras como puede ser la adquisición de vivienda o el financiamiento del retiro, pero también conlleva grandes desafíos.


El perfil de un pequeño inversionista es, en general, el de alguien sin formación financiera, que tiende a tomar decisiones de inversión basado en modas y rumores y que no tiene disciplina para tomar beneficios o pérdidas. Algunos bancos de inversión, aprovechando vacíos regulatorios, promocionan sus servicios usando estrategias de mercadeo que le dan un componente lúdico al acto de invertir.


La evidencia estadística muestra que quien cumple el perfil recién descrito, termina perdiendo sus haberes y creando una serie de prejuicios sobre la participación de los pequeños inversionistas en los mercados de capitales.


El gran desafío es educar a los nuevos participantes en el mercado, y esta no es una tarea fácil, debido a la formación previa que deben tener estos, particularmente en temas contables y el área de las matemáticas financieras.


En un mundo donde las relaciones laborales tienden a ser temporales, los individuos se ven forzados a tomar con mayor fuerza las riendas de sus finanzas personales, puesto que cada vez hay menos instituciones que les apoyen en ese proceso. La pauperización o la eliminación de los planes de retiro corporativo, son un claro ejemplo de la necesidad de empoderar a los ciudadanos en la toma de decisiones sobre la inversión de sus ahorros.


Este empoderamiento debe empezar muy temprano, abriéndole espacio a la educación financiera durante la escuela media, partiendo del hecho de que muchas personas no llegan a cursar estudios superiores.


En el caso de los mercados emergentes, la industria del manejo de portafolios de inversión le queda todavía un tiempo antes de migrar al modelo de negocios basado en grandes volúmenes de clientes y transacciones, pero las innovaciones financieras nos han demostrado una y otra vez que tarde o temprano se imponen. Lamentablemente, las brechas de conocimiento se cierran más lentamente.


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