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El rol de los acreedores privados en los eventos de insolvencia soberana: una discusión inconclusa.


Resumen


Siempre que tenemos la oportunidad reseñamos en esta columna los análisis que el economista Mohamed El-Erian (ME-E) hace sobre los mercados financieros internacionales. En esta ocasión revisaremos su posición sobre el rol que deben jugar los inversionistas privados en posibles eventos de insolvencia soberana que podrían suceder como consecuencia de la pandemia.

Siempre que tenemos la oportunidad reseñamos en esta columna los análisis que el economista Mohamed El-Erian (ME-E) hace sobre los mercados financieros internacionales. En esta ocasión revisaremos su posición sobre el rol que deben jugar los inversionistas privados en posibles eventos de insolvencia soberana que podrían suceder como consecuencia de la pandemia.


Para nadie es un secreto que la recuperación económica que sucederá luego de que se controle la epidemia del COVID-19 será muy desigual. Mientras las economías desarrolladas llegarán al 2024 con un PIB de apenas un 1 por ciento por debajo del que se estimaba a finales del 2019, en el caso de los mercados emergentes esta brecha puede ser de hasta un 4 por ciento.


De cumplirse estas predicciones habrá algunos eventos de insolvencia soberanos, que podrían ser resueltos con mayor éxito, si desde ahora comienzan a vislumbrarse mecanismos donde la restructuración involucre tanto a acreedores públicos como privados.


Para comenzar, destacaremos que ME-E no percibe que los grandes inversionistas institucionales, a diferencia de los organismos multilaterales o los gobiernos de los países desarrollados, se planteen la necesidad de participar en un plan de refinanciamiento de deuda soberana de algún país emergente.


¿Por qué los acreedores privados no han mostrado particular preocupación por este tema? Hay cinco factores que podrían explicar esta conducta. El primero de ellos, viene de la experiencia previa en eventos de insolvencia soberana, donde los organismos oficiales han tomado para sí el peso de resolver la situación.


El segundo, es la actitud vacilante de los países deudores, que temen que al presionar a los acreedores privados para que asuman una mayor parte de los costos de la restructuración de deuda, terminen cerrándose las puertas al crédito internacional no solo para el sector público sino también a las empresas privadas nacionales.


El tercero, es la inexistencia de mecanismos simples para coordinar una enorme variedad de acreedores que son poseedores de múltiples instrumentos de créditos. Todo esto acompañado a la presencia de nuevos acreedores como es el caso de la banca china, que al momento de tratar los casos de insolvencia maneja enfoques que no son muy bien vistos por sus contrapartes occidentales.


El cuarto factor, viene dado por el hecho de que entre los años 2023 y 2024 hay una gran concentración de vencimientos de los bonos soberanos de países emergentes, momento en que deberán cancelarse los valores faciales de tales instrumentos, o ser sustituidos por nuevos títulos de deuda. Algunos apuestan que mejoras de la economía mundial pudieran aumentar la capacidad de pagos de países que en este momento comienzan a dar señales tempranas de insolvencia.


El quinto factor, es el del riesgo sistémico. Los problemas que afectan a los títulos financieros de los mercados emergentes, terminan deprimiendo los precios de muchos activos financieros de los países desarrollados, por lo que los inversionistas institucionales presumen que no importa lo que hagan pagarán inevitablemente, aunque sea de manera indirecta una fracción del costo de las crisis de deuda soberanas.


ME-E señala que el hecho de que hasta ahora, gracias a los programas de inyección de liquidez de los bancos centrales de los países desarrollados, no se haya producido una crisis de insolvencia de deuda de los mercados emergentes, no es excusa para que los inversionistas institucionales privados tomen una actitud pasiva frente a los activos financieros que adquieren. Ahora más que nunca deben manejar activamente los riegos que toman al comprar títulos deuda de mercados emergentes, este escrutinio es necesario para evitar una depresión generalizada e indiscriminada de los precios de los instrumentos de renta fija de las naciones en desarrollo.


Una economía mundial más resiliente requiere que tanto los acreedores públicos como los privados se involucren activamente en la gestión de riesgos de los títulos que adquieren.

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