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La creciente riqueza de las naciones: ¿hacia dónde nos lleva?

Actualizado: 7 de dic de 2021


Un estudio reciente del Mckinsey Global Institute titulado “The Rise and Rise of the Global Balance Sheet” muestra que el patrimonio neto de las 10 economías más ricas del mundo ha crecido mucho más que el producto territorial bruto de tales naciones en las dos primeras décadas del siglo XXI. Cuando el crecimiento del patrimonio neto y del producto interno bruto no es armónico hay una alta posibilidad que se generen desequilibrios en el funcionamiento de las economías. El reporte del Mckinsey Global Institute nos alerta sobre la posibilidad de estar entrando en un nuevo ciclo de turbulencias económicas.

Un estudio reciente del Mckinsey Global Institute titulado “The Rise and Rise of the Global Balance Sheet”, revisó la composición de los balances generales consolidados de los hogares, los gobiernos y las corporaciones financieras y no financieras de las diez economías más ricas del planeta (Alemania, Australia, Canadá, China, El Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Japón, México y Suecia), que representan cerca del 60 por ciento del ingreso mundial, y encontró que el valor de mercado de dichos balances se ha triplicado en las primeras dos décadas del siglo XXI.


Vale la pena destacar que el patrimonio neto de las economías incluidas en el estudio era del orden de 150 billones de dólares para el año 2000, cantidad equivalente a cuatro veces el valor de sus productos internos brutos (PIB). Veinte años después la acumulación de riqueza ha subido a 500 billones de dólares, monto que representa seis veces el tamaño de sus PIB consolidados.


A partir del análisis de los balances nacionales surgen dos preguntas importantes: la primera de ellas es ¿en qué está invertida tal cantidad de recursos?; y la segunda, ¿qué implicaciones tiene que la tasa de crecimiento de la acumulación de riqueza haya sido mayor que la del crecimiento del producto interno bruto?


La respuesta a la primera pregunta es que 2/3 del patrimonio neto de estas naciones está invertido en inmuebles y terrenos, bien sean residenciales, gubernamentales o corporativos; un veinte por ciento en activos reales (negocios en marcha, infraestructura, estructuras industriales, maquinaria y equipos, inventarios y reservas minerales) y solamente el 4 por ciento en activos intangibles.


La segunda pregunta debe responderse analizando el comportamiento del patrimonio neto y el PIB a nivel global. Estas variables tienden a moverse en sincronía, aunque pueden presentarse desviaciones importantes entre ellas para países individuales, a las cuales siguen grandes correcciones, como fue el caso de Japón a comienzos de los noventas donde luego una gran burbuja inmobiliaria que elevó el nivel patrimonial de la sociedad japonesa en su conjunto, hubo una gran recesión que duró más de tres décadas.


El crecimiento del patrimonio neto en los 10 países incluidos en el estudio, se debió en buena medida a la subida de los precios de los inmuebles por encima de la inflación, apuntalados por un régimen de bajas tasas de interés que financió en buena medida la compra de estos activos. Sólo el veintiocho por ciento del crecimiento de dicho patrimonio es atribuible al ahorro o las inversiones.


El índice Monto del Préstamo/Valor del inmueble, que es una medida del riesgo que las instituciones financieras evalúan antes de otorgar un préstamo hipotecario, ha alcanzado valores muy altos en los países de la muestra, lo que genera inquietudes sobre la exposición de la banca a las actividades inmobiliarias, además cuestionar la eficiencia de este sector para asignar recursos entre los distintos actores de la economía.


¿Hacia dónde nos puede conducir el desacoplamiento de la tasa de crecimiento del patrimonio neto y el PIB? EL estudio de McKinsey propone tres posibles escenarios, a saber: el primero de ellos es el de un nuevo paradigma en que el valor de los activos inmobiliarios relativo a los ingresos que generan es más alto, debido la presencia de una población de adultos mayores ávida de ingresos, lo que presiona a la baja a las tasas de interés, acompañada por una mayor propensión al ahorro de los hogares de altos ingresos que también presionan a las tasas de interés en la misma dirección. En este escenario los altos precios de los inmuebles pueden mantenerse indefinidamente, debido al bajo costo financiero de adquirirlos y la utilidad de estos activos como reservorios de riqueza.


En un segundo escenario, se revierte la tendencia y los activos inmobiliarios caen de precio, afectando a las instituciones financieras que ayudaron a financiar su compra.


En un tercer escenario, se recompone el balance general global de estas economías debido a la aceleración de la tasa de crecimiento del PIB gracias nuevas inversiones que aumentan la productividad.


Dado que cualquiera de los escenarios descritos en el párrafo anterior es posible, a los actores económicos solo les queda evaluar cuál sería el impacto de los mismos en su sector de actividad.


Para volver a encontrar un crecimiento armonizado del patrimonio neto de las naciones con el PIB global, será necesario hacer inversiones en áreas que potencien el crecimiento económico y a la vez reduzcan distorsiones que se han generado en las últimas dos décadas. Es necesario aumentar la oferta de vivienda asequible en las metrópolis, desarrollar infraestructura digital y fomentar que aparezcan nuevas maneras de acumular riqueza que reduzcan la presión sobre los precios de los activos inmobiliarios, que todavía siguen siendo el refugio para proteger el patrimonio acumulado por la generación actual y sus predecesores.

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