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No hay plazo que venza: ¿el final de la intervención de la Reserva Federal en los mercados de bonos?

Actualizado: oct 17


Como dice el refrán: no hay plazo que no se venza. El fin de la inyección del dinero barato también llegó, y con él la obligación de enfrentar los efectos no deseados de este gran ensayo macroeconómico al que llamaron Quantitative Easing.


¿Cuáles son estos efectos no deseados? El primero de ellos es que el mercado de bonos dejó de ser un mecanismo de revelación de las expectativas que los actores económicos tienen sobre la inflación y el crecimiento de las economías desarrolladas.


El segundo efecto, fue la pérdida del papel de los bonos como diversificadores confiables en los portafolios de inversión destinados a financiar el retiro y otras metas de inversión de largo plazo.


La reducción de la oferta de fondos baratos provistos por los bancos centrales de los países desarrollados generará inevitables episodios de volatilidad de los precios de los activos financieros en los próximos meses. Ojalá que los daños colaterales no sean excesivos.

Este mes de septiembre de 2021 se cumplieron 40 años del comienzo del mercado alcista de los bonos estadounidenses. Para muchos esta tendencia no fue evidente, al menos durante su primera década de duración, pues la amenaza de un rebrote inflacionario siempre estaba allí latente, a la espera de reaparecer como consecuencia de cualquier desarreglo macroeconómico.


Con el paso del tiempo, mejoras en la productividad de la economía mundial, y actuaciones más efectivas de los bancos centrales de los países desarrollados permitieron a las tasas de interés nominales mantenerse de manera sostenida en su tendencia secular a la baja.


Posteriormente, la Gran Crisis Financiera del 2007-2009 generó un proceso de inyección de liquidez en las economías desarrolladas que estaba cercano a terminar, cuando el COVID 19 obligó a extenderlo, por lo que llevamos más de 10 años con niveles de rendimientos en EE.UU. no vistos desde la Segunda Guerra Mundial.


Cada vez existen menos razones para mantener esa inyección de fondos baratos en la economía estadounidense. La presión inflacionaria generada en los últimos meses por las disrupciones de las cadenas de suministros debido a la pandemia, acompañada de un crecimiento económico superior al originalmente esperado en este proceso de reapertura de la economía, obliga a la Reserva Federal (FED) y sus homólogos europeos a considerar que llegó el momento de desmantelar el programa de inyección de liquidez que ha sido la gran respuesta a todos los males de estas economías desde el 2009.


Como dice el refrán: no hay plazo que no se venza. El fin de la inyección del dinero barato también llegó, y con él la obligación de enfrentar los efectos no deseados de este gran ensayo macroeconómico al que llamaron Quantitative Easing.


¿Cuáles son estos efectos no deseados? El primero de ellos es que el mercado de bonos dejó de ser un mecanismo de revelación de las expectativas que los actores económicos tienen sobre la inflación y el crecimiento de las economías desarrolladas.


A partir de los retornos de los bonos soberanos y ciertas consideraciones de riesgo, se fijan los precios de las acciones de las empresas tanto de oferta pública como privada, y por supuesto los rendimientos requeridos para evaluar proyectos de inversión en las corporaciones.


Los bajos rendimientos de los bonos obligaron a los inversionistas más conservadores a incursionar en la compra de activos riesgosos, y a otros actores les dio la oportunidad de ejecutar estrategias riesgosas apalancados en fondos baratos.


El segundo efecto, fue la pérdida del papel de los bonos como diversificadores confiables en los portafolios de inversión destinados a financiar el retiro y otras metas de inversión de largo plazo. En el pasado se combinaban acciones y bonos para obtener el potencial de retorno de la renta variable mitigando su riesgo con la exposición a la renta fija. En este momento los bonos no cumplen ese papel, ya que además de ofrecer un magro rendimiento, pueden generar pérdidas de capital cuando el mercado alcista de la renta fija estadounidense termine, al finalizar el programa de compra de bonos que ejecuta la FED, y las tasas de interés comiencen a subir.


La reducción de la oferta de fondos baratos provistos por los bancos centrales de los países desarrollados generará inevitables episodios de volatilidad de los precios de los activos financieros en los próximos meses. Ojalá que los daños colaterales no sean excesivos.

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