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¿Quién se come la carroña?: el rol ecológico de los fondos de cobertura



La revelación de información es un tema que siempre ha ocupado la agenda de académicos y reguladores. Y en los últimos años se ha ido exacerbando la preocupación por el funcionamiento de esta actividad debido a la masificación de productos y mecanismos de operación que se les critica por promover transacciones ejecutadas por inversionistas insensibles a los precios de los títulos valores.


Surge entonces una pregunta fundamental: ¿Cómo se ven afectados estos mecanismos de revelación de información con los cambios que se han dado en la ejecución de transacciones, y en el diseño de productos como los fondos indizados que cada día son más populares?

La revelación de información es un tema que siempre ha ocupado la agenda de académicos y reguladores. Y en los últimos años se ha ido exacerbando la preocupación por el funcionamiento de esta actividad de transmisión de información debido a la masificación de productos y mecanismos de operación que son criticados por promover transacciones ejecutadas por inversionistas insensibles a los precios de los títulos valores.

Surge entonces una pregunta fundamental: ¿Cómo se ven afectados estos mecanismos de revelación de información con los cambios que se han dado en la ejecución de transacciones, y en el diseño de productos como los fondos indizados que cada día son más populares?


¿Cómo es posible que alguien pueda ser indiferente al precio del instrumento que pretende comprar? Por al menos dos razones: la primera de ellas, porque está obligado a comprar. La segunda, porque el horizonte de inversión es de muy corto plazo, razón por la cual el futuro económico del ente emisor del título valor no le afecta.


En el grupo de los que tienen la obligación de comprar instrumentos financieros sin hacer consideraciones sobre su calidad, están los inversionistas institucionales que manejan portafolios que copian la composición de índices de acciones o títulos de renta fija, cuyo primer interés es replicarlos lo mejor posible. Las composiciones de estos portafolios cambian sólo cuando lo hace el índice subyacente.


En el grupo con horizonte de inversión de corto plazo están muchos de los clientes del banco de inversión Robinhood Markets, que desde que esta plataforma de inversión comenzó a funcionar han encontrado un espacio natural para realizar operaciones de carácter especulativo, aprovechando que los montos requeridos para participar son muy bajos y que no hay cobro de comisiones por la compra o venta de acciones o de derivados.


Es muy fácil darse cuenta que cada vez que aparece un nuevo participante en el “ecosistema” de los mercados financieros de alguna forma u otra afecta el modelo de negocios de otros inversionistas mucho más arraigados. En el caso de los fondos indizados estos les han quitado clientela a los llamados fondos activos, que ofrecen acceso a estrategias de inversión que, en teoría, deberían obtener retornos superiores a los de los índices financieros que siguen los portafolios indizados.


En el caso de los inversionistas de muy corto plazo, una de sus clásicas estrategias es apostar en sentido contrario a los fondos de cobertura (hedge funds). Cuando un fondo de cobertura piensa que una empresa que cotiza en bolsa tiene problemas, toma una posición corta sobre sus acciones. Es decir, pide prestado a un banco de inversión acciones de esta compañía, las vende con la esperanza de comprarlas de vuelta tiempo después a un precio menor y ganar dinero.


Los inversionistas de corto plazo saben que sí pueden convencer a otros como ellos a comprar simultáneamente la acción de la empresa “atacada” por los fondos de cobertura, el precio de dicho título comienza a subir, por lo que quienes se han ido corto comienzan a perder dinero, y tienen que comprar de vuelta las acciones que vendieron para limitar sus pérdidas. Los inversionistas de corto plazo venden sus acciones a los fondos de cobertura realizando una ganancia.


Por supuesto hay argumentos tanto del lado de los nuevos actores como de parte de los miembros del statu quo, para tratar de prohibir o limitar la actividad de su contraparte. Los inversionistas en fondos activos, reclaman que los gerentes de fondos indizados atenúan la posibilidad de que una empresa perteneciente a un índice sea vendida cuando su desempeño es mediocre pues ellos no pueden apartarse de las especificaciones del índice que siguen.


Los gerentes de los fondos de cobertura sostienen que si las conductas de los clientes de Robinhood se vuelven rutinarias desaparecerán los incentivos para tomar posiciones en corto y muchas empresas en problemas podrán seguir operando como zombis, porque los mecanismos que promocionan las reestructuraciones corporativas se verán entorpecidos. En pocas palabras: ¿sí no hay hienas quien se come la carroña?


Pero así como en la selva africana todos los miembros del ecosistema cumplen una función, en los mercados financieros sospechamos que sucede lo mismo.


Los fondos de cobertura identifican empresas en problemas. Y no gozan de mucha simpatía porque en su proceder “egoísta” ellos obligan a los gerentes corporativos a tomar medidas que muchas veces conllevan pérdidas económicas para empleados, proveedores y otros grupos de interés.


Los pequeños inversionistas están, al menos en apariencia, venciendo a los fondos de cobertura con las mismas reglas que estos han jugado toda la vida: cuando veas a alguien en posición débil, empújalo para que caiga y lúcrate en el camino.


Por supuesto que el problema es mucho más complejo de lo que se observa a simple vista. Cuando el sistema revela las perturbaciones que causan los nuevos actores, las respuestas del colectivo son típicas:


  • Prohíbeles que actúen o al menos limítales en su actuación. Hay quien propone prohibir a plataformas como Robinhood Markets obtener las fuentes de ingresos alternativas que le permiten procesar gratuitamente las transacciones de sus clientes. Es decir, prohibir la venta de información sobre las órdenes de compra y venta de títulos valores, que se ejecutarán en los próximos microsegundos, con anticipación a otros clientes corporativos que se conocen con el nombre de flash traders. En esta misma línea de pensamiento se cuentan quienes quieren que los representantes de los fondos indizados no puedan votar en nombre de sus clientes en las asambleas de accionistas de las empresas en que invierten pese a que estos administraban a finales del 2020 el 41% de la inversión en títulos valores de oferta pública en EE.UU.

  • Usa los impuestos a las transacciones como mecanismos inhibidores de conductas: se habla de crear un impuesto de un 0,1% a las transacciones de los flash traders, de manera de que estos pierdan interés en comprar información que pudiera darles ventajas frente a otros actores del mercado. La verdad es que hace falta recopilar más evidencia sobre el impacto de estos inversionistas en la formación de precios y en la liquidez de los mercados secundarios de títulos valores.

  • Obliga a los fondos de cobertura a revelar más detalles sobre posiciones cortas: hasta ahora estos fondos sólo reportan sus posiciones al cierre del trimestre. Hay quienes piensan que así como los reguladores obligan a generar información sobre los principales accionistas de las empresas de cotización pública, también debería haberla sobre quienes apuestan en su contra en cada momento.

  • Prohíbe las reuniones privadas entre los grandes inversionistas institucionales y los ejecutivos de las empresas de cotización pública: aunque la regulación de los mercados financieros define claramente cómo se hace pública la información de las empresas que cotizan en bolsa, estos encuentros privados podrían dar ventajas a los que tienen recursos para propiciarlos. En ingles existe el término “engagement” que define los conflictos que surgen cuando accionistas y gerentes se ponen de acuerdo para definir estrategias que les benefician a expensas de otros inversionistas en la empresa.

  • Verifica que los que especulan tengan las credenciales para hacerlo: este es un deseo de los reguladores difícil de cumplir. Si queremos mercados de capitales más democráticos, tendremos que vivir con el hecho de que algunos individuos no entienden los productos financieros que compran por mucho que pretenda educárseles. Siempre hay una rendija para que el inversionista desinformado participe y cometa errores. El rol de los reguladores es identificar tales orificios y tratar de minimizarlos.


Lo que nos ha enseñado la selva africana, gracias a National Geographic, es que todos tenemos un rol ecológico que cumplir. La transmisión de información es el mecanismo que permite a los actores aumentar sus posibilidades de sobrevivir en los mercados. Los nuevos productos financieros y los arreglos institucionales responden a realidades económicas y sociales que son indetenibles, pero también modificables.


Dicen que cerca de la mitad de las crías que nacen en las sabanas africanas, no llegan a la edad adulta ¿Será esta también la suerte que corren los inversionistas desinformados?



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