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Remuneración de accionistas en la era del QE


Hemos mencionado tantas veces en esta columna el término Quantitave Easing (QE) que casi nos da pena volverlos a definir una vez más. En todo caso, en beneficios de nuestros nuevos lectores, este vocablo se acuñó para describir la política de los bancos centrales de EE.UU., Inglaterra, Japón y la Eurozona, de inyectar liquidez a muy bajos costo en sus economías nacionales mediante la compra de títulos de renta fija, con objetivo de orientar ese dinero a actividades productivas, logrando así minimizar los efectos recesivos de la crisis financiera de la década pasada.


Para nadie tampoco es un secreto que este dinero terminó inflando el precio de acciones de oferta publica, financiando los programas de recompra de acciones y aportando fondos baratos para financiar fusiones y adquisiciones. La gran frustración de los hacedores de políticas públicas es que las PYMES no vieron aumentadas sus fuentes de financiamiento y que el flujo de inversiones en activos productivos tampoco fue muy importante.


Pero acabamos de entrar en el año 2019, y en junio de este año se cumplirán 10 años de uno de los ciclos expansivos más largos de la economía estadounidense, y aunque no hay señales de cuando se acabará, eventualmente lo hará. No es entonces de extrañar que ya se estén produciendo movimientos corporativos para anticipar un nuevo entorno con costos de financiamiento más altos, tasas de crecimiento baja y disrupción en líneas de negocios convencionales.


Las implicaciones de todos estos programas para el balance de la Reserva Federal se pueden observar en esta imagen. Desde diciembre de 2007 hasta mayo de 2017, los activos totales de la Reserva Federal aumentaron de $ 882 mil millones a $ 4.473 billones, un aumento de cinco veces. Para dar una medida de la magnitud del programa, los activos totales de la Reserva Federal aumentaron de 6,0% del PIB de EE. UU. En el cuarto trimestre de 2007 a 23,5% del PIB en el primer trimestre de 2017.

En la última década, las empresas estadounidenses devolvieron a sus accionistas 8 billones de dólares a través de dividendos y recompra de acciones. Si bien, estos programas de recompra son vistos con buenos ojos por los inversionistas, los políticos del partido demócrata consideran que tales programa de recompra deberían estar condicionados a una mejora en los salarios y beneficios de los empleados.


Es importante recordar, que la teoría financiera sostiene que cuando los gerentes corporativos no identifican negocios rentables, antes de destruir valor financiando proyectos malos, deberían pagar dividendos y recomprar acciones.


Los dividendos corporativos netos han aumentado de $ 5,8 mil millones en 1929 a $ 990 mil millones en 2017. Por supuesto, este crecimiento está impulsado en gran medida por el aumento general de los precios (es decir, la inflación) y por el aumento de la actividad económica real en general. Podemos tener una idea del valor de estos dividendos en relación con la economía total al trazar los dividendos corporativos netos como una fracción del producto interno bruto nominal. El gráfico incluye cada año desde 1929 hasta 2017. Aparte de algunos años durante y después de la recesión más reciente, este valor ha excedido el 5% en los últimos 11 años.

Los dividendos corporativos netos han aumentado de $ 5,8 mil millones en 1929 a $ 990 mil millones en 2017. Por supuesto, este crecimiento está impulsado en gran medida por el aumento general de los precios (es decir, la inflación) y por el aumento de la actividad económica real en general. Podemos tener una idea del valor de estos dividendos en relación con la economía total al trazar los dividendos corporativos netos como una fracción del producto interno bruto nominal. El gráfico incluye cada año desde 1929 hasta 2017. Aparte de algunos años durante y después de la recesión más reciente, este valor ha excedido el 5% en los últimos 11 años.


Por su parte algunos congresistas republicanos consideran que hay revisar el diseño de impuestos corporativos, donde en la actualidad, los accionistas que no venden sus títulos en los programas de recompra, concentran propiedad en la empresa y difieren el pago de impuestos en muchos casos casi al infinito, postulado sostenido por Warren Buffett, quien sugiere que en la medida de los posible se deben escoger buenas compañías las cuales uno nunca querría vender. Cuando un monto de dinero, en lugar de recomprar acciones, se utiliza para pagar dividendos en efectivo, la gran mayoría de los accionistas deben pagar impuestos sobre estos ingresos.


Lo que pone capciosos a republicanos y demócratas, no son los programas de recompra de acciones individuales, sino lo frecuentes que son estos programas tanto en EE.UU., como en el resto del mundo desarrollado.


Devolver dinero vía recompras compromete menos a los gerentes con la promesa de repetir pagos a futuro que a través a través de un incremento de dividendos, ya que pre-cancelar un plan de recompra o simplemente ejecutarlo de vez en cuando afecta menos al precio de una acción, que decretar un nuevo nivel de dividendos y luego recortarlo. Siempre existe la posibilidad de decretar un dividendo extraordinario, sin embargo no deja de ser un dividendo, y todo dividendo es sujeto a comentarios especulativos, sobre cuando no forma parte de un patrón previamente establecido.


Varios temas se mezclan al momento de evaluar los programas de recompra de acciones. Primero, hay consideraciones de equidad, hay políticos que consideran que estos programas muestran, que quien está en capacidad de ejecutarlos debería pensar en compartir con el resto de la sociedad una porción adicional de riqueza. No olvidemos que el salario real de los hogares estadounidense no creció en la última década.


Segundo, sí es cierto que las empresas recompran acciones cuando no hay grandes oportunidades de reinversión de recursos, ¿qué está sucediendo que la economía no produce tales oportunidades?

Tercero, ¿Por qué al mismo tiempo que se reduce la oferta de acciones de compañías públicas, crecen los mercados de capital privado? Algunos sostienen que cada vez se hace más costoso para los directores de las grandes corporaciones de oferta pública cumplir con los requisitos regulatorios y con el constante escrutinio de los bancos de inversión.


En un mundo con una importante oferta de dinero barato gracias al QE, y un entorno cambiante que hace más difícil identificar buenas oportunidades de negocios, no es de extrañar que los flujos de inversión busquen nuevos caminos, lamentablemente en mercados que pueden ser menos líquidos y transparentes.

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