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Variable Interest Entity: una manera muy sofisticada de ser dueño de nada


Hay regulaciones del gobierno chino que impiden a los inversionistas extranjeros ser propietarios de empresas consideradas estratégicas. Cuando los retornos potenciales son tan prometedores, los banqueros de inversión buscan la forma de dar la vuelta a las restricciones, de allí que se crease un vehículo de inversión llamado Variable Interest Entity (VIE), para beneficiar a los inversionistas extranjeros del desempeño de empresas a las cuales no tienen acceso directo.


Al ser el VIE una figura jurídica no reconocida por China, los activos invertidos por esta vía pueden ser expropiados en cualquier momento a discreción del gobierno. El gran postulado sobre el cual descansa la estructura propietaria VIE es que el gobierno chino no está dispuesto a correr el riesgo de expropiar 2 billones de dólares de propiedad accionaria sin crear una crisis político-económica de gran magnitud, pero mientras tanto la ambigüedad se mantiene.

Hay regulaciones del gobierno chino que impiden a los inversionistas extranjeros ser propietarios de empresas consideradas estratégicas. Califican dentro de este grupo aquellas que son parte de las industrias de alta tecnología, o las que por su naturaleza manejan datos de la población de dicho país.


Por supuesto la discrecionalidad del Estado permite de la noche a la mañana incorporar en el sector estratégico cualquier empresa o sector de actividad, lo que genera una fuente de incertidumbre adicional a quienes poseen o aspiran comprar títulos de renta variable del mercado asiático.


Sin embargo, cuando los retornos potenciales son tan prometedores, los banqueros de inversión buscan la forma de dar la vuelta a las restricciones, de allí que se crease un vehículo de inversión llamado Variable Interest Entity (VIE), para beneficiar a los inversionistas extranjeros del desempeño de empresas a las cuales no tienen acceso directo.


El VIE funciona de la siguiente manera: una compañía china, que llamaremos Empresa Principal, crea una empresa en un paraíso fiscal usando su mismo nombre. La nueva empresa no hace negocios, no tiene empleados, no tiene sede, es como una especie de Concha, y así la llamaremos.


La Empresa Principal genera contratos con la Concha, donde le transfiere derechos sobre los beneficios de la compañía y sobre el control de sus activos. Los accionistas de la Concha, no son propietarios de la Empresa Principal, por lo tanto no participan en la toma de decisiones corporativas.


Las acciones de la empresa Concha se registran en una bolsa de valores bajo el nombre de la Empresa Principal, pero en los prospectos de venta queda claro que quien compra acciones de esta compañía lo que está adquiriendo son los derechos de la empresa registrada en el paraíso fiscal.


La gran mayoría de las empresas chinas que cotizan en la bolsa de Nueva York lo hacen bajo este esquema y los inversionistas institucionales conocen o dicen conocer las implicaciones del mismo. Los pequeños inversionistas seguramente compran acciones de la empresa Concha sin preocuparse mucho del tema. Dos billones de dólares en acciones se cotizan en la bolsa de valores de Nueva York bajo este esquema.


El VIE tiene dos grandes debilidades: la primera de ellas es que esta estructura no es legal bajo la ley china. Existe un principio universal del derecho que postula que un contrato diseñado para dejar sin efecto una ley es nulo e inaplicable.


La segunda, es que los accionistas de la Compañía Concha no son propietarios de la Empresa Principal, por lo tanto sus “activos” les pueden ser confiscados sin previo aviso y sin compensación alguna.


Ya hubo antecedentes importantes en este sentido, cuando en el 2011, Jack Ma el CEO de Yahoo, transfirió el 100 por ciento de la propiedad de Alipay, de la empresa Alibaba, a una a nombre propio, perjudicando a los accionistas de Yahoo, que poseían el 43 por ciento de AlibabaVIE.


El gobierno chino se ha hecho la vista gorda con los VIE tratando de mantener un equilibrio muy frágil entre la necesidad de atraer capitalistas a China para desapalancar sus empresas nacionales; evitar que grupos económicos poderosos se transformen en actores políticos que jueguen en contra del Partido Comunista Chino y ganar ventaja frente a EE.UU. y la UE en el juego de poder de la multipolaridad.


El gobierno chino usa la posibilidad de expropiar una empresa VIE a su conveniencia sembrando el temor entre los accionistas de estas empresas.


¿Por qué los actores de los mercados de valores internacionales se atreven a invertir en esta figura propietaria tan frágil? Porque no se pueden dar el lujo de no tener productos de inversión para montarse en la ola del crecimiento de China. Adicionalmente, han recibido mensajes confusos de los reguladores financieros y de los diseñadores de las normas contables que se aplican actualmente.


No ha habido un ente regulador que se haya pronunciado en contra de este mecanismo o haya exigido que se difunda más claramente la naturaleza de su fragilidad. Las normas contables no permiten distinguir entre las diferencias de poseer acciones de la Empresa Principal y la que hemos llamado Concha.


El gran postulado sobre el cual descansa la estructura propietaria VIE es que el gobierno chino no está dispuesto a correr el riesgo de expropiar 2 billones de dólares de propiedad accionaria sin crear una crisis político-económica de gran magnitud. Mientras tanto el gobierno chino utiliza la ambigüedad a su favor.

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