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A la espera del CCR


Al implantar el Control de la Curva de Rendimiento (CCR) la FED buscaría mantener la inflación estadounidense cerca de su meta de 2% sin tener que intervenir cotidianamente en los mercados secundarios de renta fija, evitando que sus compras puedan causar una reducción importante de la oferta de títulos valores que deberían estar en manos de inversionistas institucionales, y el público en general. No hay claras evidencias del impacto de esta política en la inflación de las economías en que ha sido usada.

El Control de la Curva de Rendimiento (CCR) es una herramienta que la Reserva Federal (FED) podría utilizar como un complemento al muy conocido Quantitative Easing (QE), que es una estrategia bajo la cual el banco central estadounidense compra bonos de largo vencimiento con objeto de mantener bajas las tasas de interés a largo plazo.


A diferencia del QE, donde hay un presupuesto mensual destinado a la adquisición de títulos de renta fija, cuando se pretende controlar la curva de rendimientos, se estable un retorno máximo que debe alcanzar un título financiero en un plazo de vencimiento definido, y el banco central hace compras puntuales para garantizar que tal retorno se mantenga.


Al implantar el CCR la FED busca mantener la inflación estadounidense cerca de su meta de 2% sin tener que intervenir cotidianamente en los mercados secundarios de renta fija, evitando que sus compras puedan causar una reducción importante de títulos valores que deberían estar en manos de inversionistas institucionales, y el público en general.


Gracias al CCR el Banco Central del Japón pudo reducir a un 25 por ciento el monto destinado a la intervención en los mercados secundarios de deuda soberana en el año 2019-20. Basta que los actores del mercado financiero sepan de la firme intención de mantener los rendimientos fijos a través de este mecanismo para que se inhiban de actuar en sentido contrario a los deseos de la autoridad monetaria.


Aunque Japón y Australia vienen aplicando el CCR desde 2016 y 2020 respectivamente, todavía no hay claras evidencias de que este mecanismo ayude a cumplir las metas inflacionarias de los bancos centrales.


A pesar de que Inglaterra y EE.UU. siguen desojando la margarita sobre la posibilidad de aplicar el CCR en un futuro próximo, los inversionistas institucionales siguen con mucho interés este tema pues cualquier señal temprana de su posible aplicación generaría una presión al alza en el mercado accionario.


EE.UU. no aplica controles a las tasas de interés desde la Segunda Guerra Mundial, donde tal mecanismo apuntaba a reducir el costo del financiamiento del esfuerzo bélico. Tal medida impulsó un rally de un poco más de 30 por ciento en el año siguiente a su implantación.


En el contexto actual de tasas extremadamente bajas, un excesivo endeudamiento corporativo y un mercado accionario que a juicio de muchos está sobrevaluado, el CCR ayudaría a mantener con vida de este rally que empezó el pasado mes de marzo de 2020 y que muchos no entienden que premisas lo sostienen.


La gran oferta de fondos baratos seguirá manteniendo con vida a las compañías zombies, que son empresas cuya utilidad operativa es inferior al servicio de su deuda y que en algún momento deberían enfrentar las reestructuraciones propias de la bancarrota. Los ensayos macroeconómicos de los bancos centrales de los países desarrollados en algún momento mostrarán su lado oscuro.

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