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La Ley de la Venganza: Las Secciones 899 y 112021 del H.R.1 — 119th Congress (2025-2026)

  • Arca Análisis Económico
  • 9 jun
  • 4 Min. de lectura

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Resumen


El proyecto presupuestario H.R.1 — 119º Congreso, apodado por Trump “La Grande y Hermosa”, incluye dos medidas con impacto en la inversión: la Sección 899, que permitiría aumentar hasta 20 puntos los impuestos a intereses, dividendos y renta de inversiones extranjeras de países con gravámenes “discriminatorios” hacia empresas estadounidenses; y la Sección 112021, que eleva del 1,4 % al 21 % el impuesto a ganancias de capital en portafolios de universidades privadas. Su debate mostrará cómo se alinean los intereses en el Congreso de cara a las elecciones legislativas de 2026.


Recientemente entró a la Cámara del Senado estadounidense el proyecto de ley presupuestaria H.R.1 — 119th Congress (2025-2026) bautizada por el presidente Trump como “La Grande y Hermosa”. Y si bien se ha discutido mucho sobre a quiénes beneficia o no este proyecto, en esta columna seremos más modestos y pondremos nuestra atención en dos secciones conocidas como la 899 y la Sección 112021. 


La Sección 899 es una disposición que permite cobrar impuestos adicionales. 

a la inversión extranjera en Estados Unidos. Gracias a ella, el Departamento del Tesoro podría aplicarla a personas jurídicas que pertenecen a países que aplican impuestos “discriminatorios”, como los impuestos a los servicios digitales ofrecidos por las empresas estadounidenses, elevándose así el impuesto federal sobre la renta y las tasas de retención sobre intereses y dividendos en hasta 20 puntos porcentuales. 


Los críticos de la Administración Trump califican esta sección como un impuesto a la venganza contra aquellos países que discriminan a las empresas estadounidenses; y en buena medida es vista como una herramienta adicional para ser usada en las negociaciones con los socios comerciales. Lamentablemente, de ser aprobada, su aplicación iría en contra de los esfuerzos de muchos años de construir un sistema tributario global colaborativo a través de grupos como la OCDE.


La Sección 899 siembra dudas sobre la concepción vigente hasta ahora de que EE. UU. es un lugar con leyes de inversión consistentes, y esto se hace en el momento menos oportuno, donde el crecimiento del déficit fiscal estadounidense requiere de un flujo constante de inversión en títulos del Tesoro para financiarlo.  


No existe hasta el momento la certeza de que esta sección vaya a ser aceptada o no en las discusiones presupuestarias de la Cámara del Senado. Pero aun siendo rechazada, deja en el ambiente la sensación de que algunas reglas de juego consideradas inmutables en el pasado reciente pueden cambiar y hacer de EE. UU. un socio cada vez menos confiable. 


Como el diablo está en los detalles, para complicar más la situación no existe una clara definición de lo que es un país que discrimina a EE.UU., y se supone que el Tesoro debe operacionalizar tal concepto. Tampoco está del todo claro qué inversores y empresas podrían verse afectados. A primera vista, el proyecto de ley solo afecta a los inversores no estadounidenses y a las empresas que ya están sujetas al pago de impuestos en EE.UU. 

Hay acuerdos previos que podrían ser revisitados, como es el caso de una exoneración del año 1984 que exceptúa a los inversionistas chinos de retenciones sobre los ingresos provenientes de sus inversiones en títulos de deuda emitidos por el gobierno estadounidense; antes de dicha exoneración, las retenciones fiscales eran del 30 por ciento.


Para agregar más confusión sobre este tema, la Sección 899 luce atractiva a la masa de electores que se identifican con el discurso MAGA (Make America Great Again, por sus siglas en inglés), así como a un grupo de asesores del vicepresidente J.D. Vance que estima que dichos impuestos podrían recaudar 2 billones de dólares en ingresos en la próxima década y ayudar a financiar parte de las rebajas de impuestos de “La Grande y Hermosa” ley de presupuesto. 


Sin embargo, es probable que Scott Bessent, secretario del Tesoro, se muestre receloso de invocar el artículo 899, ya que no quiere disuadir a los inversores globales de invertir en bonos del Tesoro.


La venganza no solo va en contra de los países que discriminan a las empresas estadounidenses, también va contra las élites con sus agendas liberales que son contrarias al MAGA, y en particular con las grandes universidades privadas que poseen grandes portafolios de inversión cuyos rendimientos ayudan a cubrir los presupuestos ordinarios de estas instituciones. 


En la actualidad, los portafolios de inversión de las universidades privadas pagan el 1,4 por ciento sobre ganancias de capital y, de aprobarse la Sección 112021, este impuesto subiría el 21 por ciento. En el caso de Harvard, Yale, Stanford y Princeton, que el año pasado pagaron entre 39 y 50 millones de dólares por este concepto, el mismo se colocaría entre 500 y 850 millones de dólares anuales.


La reducción de los subsidios a las universidades privadas en confrontación con la Administración Trump, unida a una posible reducción de las visas a los estudiantes extranjeros que representan cerca de un 25 por ciento de los ingresos por matrículas de estas instituciones, les obligará a vender activos de sus fondos de inversión, generando así ganancias de capital que podrían ser pechadas a esta nueva tasa. 

    

La entrada en vigencia de la Sección 112021 generaría grandes episodios de volatilidad en el mercado de capital privado; algunas universidades adelantarían la venta de activos para evitar el pago de impuestos adicionales, y otras los diferirían esperando tiempos mejores.


Muchos inversionistas institucionales extranjeros seguirán buscando otras opciones para reducir su exposición al mercado de valores estadounidenses. Los movimientos de capital en el corto plazo no serán notables, pero si no hay cambios en las líneas de pensamiento de la Administración Trump, serán continuos.


La discusión de la ley presupuestaria H.R.1 —119th Congress (2025-2026)— es una oportunidad excepcional para ver en primera fila cómo los grupos de interés dentro del Congreso de los EE. UU. se alinean o no alrededor del movimiento MAGA. Si a esto sumamos que en noviembre de 2026 habrá las elecciones de mediados de periodo, donde se elegirán 435 miembros de la Cámara de Diputados y 33 de la del Senado, tendremos en el próximo año y medio suficiente material como para entender hacia dónde realmente se dirige el liderazgo de la sociedad estadounidense. 

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