Dame Mi Herencia: El Reto de Transferir La Riqueza entre Generaciones
- Arca Análisis Económico
- 13 ene
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Resumen
En la próxima década, ocurrirá en Estados Unidos la mayor transferencia intergeneracional de riqueza en la historia contemporánea, lo que permitirá comprender los comportamientos que definen las prácticas de gestión patrimonial y diseñar productos financieros que minimicen el trauma. Un estudio del Williams Group reveló que el 70% de las familias pierden su riqueza en la segunda generación y el 90% en la tercera. Por lo tanto, planificar esta transferencia es crucial.
En la próxima década se producirá en EE. UU. la transferencia de riqueza intergeneracional más grande de la historia contemporánea. Tal fenómeno nos permitirá conocer una serie de comportamientos que definirán las prácticas de manejo de la riqueza de las personas, así como el diseño de productos financieros que apuntan a hacer dicha transferencia lo menos traumática posible.
El primer reto que enfrentan quienes serán los beneficiarios de la transferencia de recursos es lograr que la generación anterior les permita involucrarse en el traspaso de propiedades y activos financieros de una manera planificada.
Las nuevas generaciones poseen un mayor conocimiento de las tecnologías que se utilizan hoy en día para interaccionar con la banca de inversión, y en muchos casos estos actores tienen una red de contactos globales que podría afectar de manera positiva la manera en que se estructurarán y gestionarán los portafolios de inversión.
Lamentablemente, los propietarios legales de estos recursos son reacios a dejar el control de los activos financieros, aun reconociendo la importancia de ejecutar una sucesión organizada.
En una encuesta realizada en el año 2022, por el equipo de gestión patrimonial de UBS, a un grupo de clientes de altos ingresos, se encontró que hay dos temas que preocupan a más del 70 por ciento de los propietarios de la riqueza; el primero de ellos es que el proceso de repartición de la herencia se desarrolle sin problemas, minimizando las discordias financieras y familiares, y el segundo es que los herederos utilicen el legado de manera inteligente.
Sin embargo, incluso después de una pandemia, cuatro de cada 10 entrevistados no tienen un testamento actualizado o un plan patrimonial escrito. La mitad no ha mantenido conversaciones sobre la herencia, ni ha revelado dónde se guardan los activos, cómo pretenden dividirlos o incluso cuánto valen.
Aunque la evidencia anecdótica muestra claramente la importancia de planificar la transferencia intergeneracional de riqueza, un proyecto de investigación llevado a cabo por la empresa consultora estadounidense Williams Group con una muestra de 3.200 familias a lo largo de 20 años, encontró que el 70 por ciento de las familias perdió su patrimonio en la segunda generación y el 90 por ciento en la tercera.
Si bien parte de esta destrucción de valor es atribuible a los conflictos familiares, no debemos olvidar que los cambios en las dinámicas del mundo de negocios también afectan el desempeño futuro de los activos financieros y los negocios medulares de las empresas familiares.
La historia muestra que la economía y los mercados globales se mueven en ciclos, no en líneas rectas. Aquellas áreas temáticas que lideran el crecimiento en una década en particular ceden su lugar a nuevas oportunidades de creación de valor.
La lista de las 10 empresas de mayor capitalización bursátil representadas en el S&P 500 cambia cada década; de las 10 empresas que formaban parte de dicho grupo en el año 2010, siete se mantienen a comienzos del 2025, y con el desarrollo de nuevas tecnologías como la IA o la computación cuántica, nuevas corporaciones sustituirán a quienes hoy en día ejercen el liderazgo de los índices bursátiles.
El rol de las nuevas generaciones en la gestión de los patrimonios familiares es reconocer cómo estos cambios en los ciclos de negocios crean amenazas y oportunidades. No es de extrañar entonces que las oficinas de gestión patrimonial de las empresas familiares (Family Office) incluyan en sus comités de inversión a miembros de las nuevas generaciones de propietarios que podrían ser más abiertos a considerar estas nuevas tendencias dentro de sus portafolios de negocios.
Es una práctica común en empresas familiares exitosas crear fondos de capital de riesgo para dar a las siguientes generaciones la oportunidad de desarrollar el espíritu emprendedor, lo que incluye tanto la identificación de nuevos socios, aliados comerciales, como conocer esquemas de financiamiento novedosos.
En el caso de los banqueros de inversión, el reto radica en fidelizar a los herederos, que tienden a mudar los portafolios de inversión a otras instituciones, por un sinfín de razones que abarcan desde la búsqueda de servicios de asesoría financiera más económicos hasta la necesidad de encontrar interlocutores que tengan mayor experticia en los temas financieros de su interés, que no siempre coinciden con los de la generación anterior de propietarios.
Cuando existen patrimonios de cierta envergadura, donde los activos familiares no solo cumplen los clásicos propósitos financieros, sino que también están asociados al financiamiento de objetivos no económicos de los miembros de la familia, como pueden ser los filantrópicos, es necesario introducir dentro de la cultura de la familia la idea de que cada generación es custodia de dichos bienes, pero no propietaria de los mismos, lo que implica que tiene la potestad de disfrutarlos, pero la obligación de mantenerlos y hacerlos crecer para el beneficio de las generaciones futuras y el mantenimiento del legado familiar.
Al final sobreviven las familias que se adaptan a los cambios del entorno y que llevan en su ADN la vocación de probar nuevas maneras de hacer negocios y se organizan para ello.









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