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Después del paso del avatar: portafolios de inversión post pandemia


Sí bien es verdad que la pandemia ha sido un avatar, es necesario decantar lo que ha sucedido y comenzar a obrar en consecuencia. Para ello, debemos estar pendientes del comportamiento de los mercados de crédito, de las reestructuraciones corporativas productos de la nueva realidad económica y de las agendas de los grupos de interés preocupados por cómo será la dinámica de asignación de recursos en una segunda ronda de auxilios gubernamentales y quién pagará finalmente los costos de la pandemia. Todo esto en un contexto en que las economías occidentales tienen que revisar su relación con China

Luego de dos meses de confinamiento a nivel mundial es necesario ir dejando de lado los pensamientos fatalistas y empezar a identificar tendencias que permitan definir las nuevas estrategias de inversión de los inversionistas individuales e institucionales.


En este proceso de reconocimiento del nuevo panorama de inversión es necesario destacar que las medidas tomadas por los principales gobiernos nacionales se hicieron bajo la premisa de que una ronda única de ayudas temporales a individuos y organizaciones será suficiente, y que de una manera más o menos rápida los actores económicos podrán sostenerse por sus propios medios. El análisis se complica porque además de los imperativos locales se hace necesario entender rol de China en un nuevo orden post pandemia.


Vendrá seguramente una segunda ronda de auxilios financieros, por lo que debemos estar pendientes del comportamiento de los mercados de crédito, de las restructuraciones corporativas productos de la nueva realidad económica y de las agendas de los grupos de interés preocupados por cómo será la dinámica de asignación de recursos en dicha ronda.


En relación a los mercados de créditos, es importante destacar que los fondos de provisión de liquidez implantados por la Reserva Federal ,el Banco Central Europeo y el FMI evitarán que las transacciones en los mercados secundarios de renta fija se paralicen, pero no evitaran el que compañías que hoy en día están recibiendo préstamos blandos sean capaces de devolverlos. Una ola de eventos de insolvencia se producirán en los próximos dos semestres, afectando el desempeño de los fondos mutuales y ETFs de renta fija.


No es de esperarse que los bancos centrales del G-20 suban las tasas de interés al menos en un par de años, pues no desean presionar a los deudores corporativos y al proceso de recuperación económica en general, por lo que los inversionistas se verán en el dilema de escoger entre comprar los títulos de emisores de bajo riesgo y mínimo rendimiento o hacer un minucioso escrutinio para poder identificar aquellas empresas que serán capaces de cumplir a sus acreedores financieros.


La opción de sustituir instrumentos de renta fija por acciones con generosas políticas de dividendos es limitada, pues muchas empresas están reduciendo el pago de dividendos para conservar el efectivo necesario para sobrevivir en un entorno económico ralentizado.


En un mediano plazo, los fondos de retiro de beneficios definidos tendrán problemas de solvencia. Cuando estos pertenecen a empresas privadas, parte de las utilidades corporativas se tendrán que destinar a cubrir el déficit señalado en cálculos actuariales y seguramente se abrirán nuevas rondas de negociaciones con los sindicatos, para hacer viable a estas corporaciones.


Cuando los fondos de retiro son responsabilidad de estado, las discusiones entre los grupos de interés no se harán esperar, complicando aún más las agendas del poder ejecutivo y los cuerpos legislativos.


Una estrategia focalizada en preservar capital a cambio de un mínimo retorno puede ser la salida más recomendable para muchos inversionistas. Los títulos de deuda de los gobiernos nacionales en moneda local, con corto vencimiento y los certificados de depósitos bancarios por montos amparados por fondos de garantía serán las opciones obvias de los inversionistas.


En principio, este debería ser un contexto en que las estrategias de inversión activa en el sector bursátil podrían funcionar muy bien. Hace falta mucho análisis para entender cómo serán impactados los distintos sectores de actividad económica en el futuro cercano.


Además, de las previsibles olas de fusiones y adquisiciones, y las quiebras corporativas, deberán redefinirse los modelos de negocios en general. Hay tendencias que desde muy tempano se han puesto de manifiesto como es el caso de las actividades que permiten sustituir la presencialidad, pero no debemos olvidar que hay una enorme cantidad de activos ociosos cuyo uso podría ser transformado, por lo que no es de extrañar que surjan, por ejemplo, pequeñas líneas aéreas que puedan ofrecer vuelos a destinos que las grandes corporaciones no quieren atender, utilizando aviones alquilados a precios muy bajos a quienes no saben que hacer con tales activos


El espacio de oficinas y de comercio físico cambiará de uso, por lo que se generarán actividades económicas alrededor de las adecuaciones que serán requeridas.


Las estrategias bursátiles pasivas, que replican índices accionarios, deberían tener retornos muy discretos pues en su composición llevan tanto empresas ganadoras como perdedoras en el nuevo orden económico. Lamentablemente, muchas empresas tecnológicas que se acoplan muy bien a las actividades demandadas en esta nueva realidad no son empresas de oferta pública, y cuando eventualmente lo sean, buena parte de la creación de valor la habrán capturado los accionistas participantes en las fases iniciales.


Se estima que los valores actuales del S&P 500 reflejan un rendimiento interanual del orden de 6 por ciento, que incluye tanto dividendos como apreciación de capital, tal nivel de retorno sería extraordinariamente alto en un mundo en transformación, donde más que una destrucción de sectores habrá un redimensionamiento de los mismos, acelerándose algunos procesos de obsolescencia como en el caso de los combustibles fósiles e implantándose nuevos alcances en la cobertura de servicios como es el caso de la salud pública en EE.UU.


Hay tres preguntas ineludibles que tendrán que responder los grupos políticos en los próximos años. Estas son: ¿Sí hay una nueva ronda de auxilios financieros quien la recibirá?,¿quién pagará finalmente la cuenta del rescate del COVID-19? ¿Qué posición tomar frente a China?


La respuesta a la primera pregunta dependerá de los resultados iniciales de la primera ronda de auxilios. Los términos diseñados para la asignación de recursos fueron tan amplios que terminaron optando por ellos no sólo los grupos objetivo, sino también corporaciones que no los necesitaban. Adicionalmente, es necesario definir reglas de asignación que potencien el impacto de la ayuda. Los grupos de interés más organizados y de mayor presencia mediática siempre tendrán mayor oportunidad de capturas los subsidios, lamentablemente terminan acaparando recursos que podrían ser de más utilidad en otro sectores.


Las organizaciones que hacen cabildeo por cuenta de corporaciones y gremios empresariales harán su agosto en el 2020. Quien capture los subsidios puede obtener rentas extraordinarias y los inversionistas lo saben.


La respuesta a la segunda pregunta es fundamental para los inversionistas, porque tarde o temprano los impuestos a personas y corporaciones tienen que subir para cubrir déficits públicos de órdenes de magnitud similares a los de economías de guerra. Sí se cayese en la tentación de permitir que los estados nacionales tomaran el grueso de la carga a través del endeudamiento público y se difiriese el alza de impuestos, viviríamos en economías muy frágiles donde los gobiernos carecerían de recursos para cubrir la siguiente la crisis sistémica.


La respuesta a la tercera pregunta la buscaremos a lo largo del próximo quinquenio. La administración Trump, y en general el mundo político estadounidense, desea aprovechar esta crisis para tratar de frenar lo que ellos llaman el expansionismo chino. Por lo tanto, las políticas comerciales de esta administración estadounidense, y de la que comenzará a partir de enero de 2021 sea quien sea el que comande, apuntarán a reorganizar las cadenas de suministros, a retirar de China procesos productivos considerados estratégicos y frenar cualquier filtración de tecnologías de punta. Todos estos cambios apuntan a una reducción en la productividad impactando negativamente las utilidades corporativas.


China usará su musculo financiero y el apoyo de sus aliados para evitar posibles sanciones por la responsabilidad que pudiera tener en el desarrollo de la pandemia. Paralelamente, el gigante asiático seguirá implantando su estrategia de consolidar su bloque de influencia político-económica, y los países y las empresas multinacionales tendrán que tomar la compleja decisión de escoger el equipo en el cual jugarán.


En este reacomodo de bloques habrá muchas oportunidades para ganar y perder dinero, pues muchas inversiones hechas sobre la expectativa de una globalización creciente dejarán de tener sentido, pero otras que apuntan a atender grandes grupos humanos que apenas comienzan a converger tienen un potencial económico que se pierde de vista.


En el hinduismo existe una figura mística llamada Avatar, que es una manifestación de una deidad que baja a la tierra con una misión específica siempre transformadora y en algunas ocasiones destructiva. Un virus no es una deidad pero como un avatar también nos puede mover el piso.

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