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El coronavirus, China y los otros


Resumen


Mohamed El-Erian, Economista Jefe de Allianz y próximo presidente del Queen´s College de la Universidad de Cambridge sostiene que la emergencia sanitaria sucede en un momento en que las expectativas de crecimiento de largo plazo de la economía mundial son bastante mediocres y los bancos centrales de los países desarrollados carecen de las herramientas para hacer frente a una eventual severa recesión.


El Sr. El-Erian sostiene que este shock es lo suficientemente fuerte como para desarticular temporalmente las fuerzas que han motorizado el mercado accionario alcista de la última década, por lo que para la mayoría de los inversionistas lo prudente sería minimizar flancos vulnerables de su portafolio, es decir los activos con mayor exposición al desempeño de la economía china y en particular posiciones accionarias ilíquidas.

La semana pasada Mohamed El-Erian, Economista Jefe de Allianz y próximo presidente del Queen´s College de la Universidad de Cambridge, escribió, lo que a nuestro juicio ha sido uno de los más relevantes artículos de opinión sobre la reciente crisis del coronavirus y su impacto sobre los mercados financieros.


El Sr. El-Erian sostiene que la emergencia sanitaria sucede en un momento en que las expectativas de crecimiento de largo plazo de la economía mundial son bastante mediocres y los bancos centrales de los países desarrollados carecen de las herramientas para hacer frente a una eventual severa recesión.


En el muy corto plazo, los mercados accionarios y de renta fija de EE.UU. y Europa han aguantado razonablemente bien el embate de la incertidumbre causada por el brote epidémico, pero a medida que pasan los días los gerentes de los grandes fondos de inversión se ven obligados a hacer una fuerte apuesta sobre el desenlace de esta crisis.


Aquellos que creen que en pocas semanas el virus será controlado, aprovecharán la situación para comprar con un cierto descuento aquellos activos financieros que han sufrido las mayores correcciones, es decir acciones de hoteles, líneas aéreas, casinos y afines, y por supuesto gran parte de las acciones de oferta pública de Hong Kong y China Continental. Este grupo de actores siguen una estrategia que ha estado vigente desde el año 2009, y es lo que en inglés se conoce con el nombre de buy- the-dip (compra durante la caída), la cual supone que los mercados financiero siguen siendo robustos, y que cualquier caída no es más que una pausa dentro de un mercado alcista.


Por otro lado, hay quienes opinan que el coronavirus puede lograr, lo que la guerra comercial chino estadounidense y otras crisis del último par de años no han logrado: producir un quiebre estructural de los mercados financieros. Dicho en otras palabras, generar un cambio profundo en las creencias de los formadores de opinión del mundo económico, que hasta hace poco pensaban que los bancos centrales de los países desarrollados querían a toda costa minimizar los brotes de volatilidad causados por eventos económicos indeseables, y sobre todo que tenían los recursos para hacerlo.


Este segundo grupo de actores les preocupa el hecho de que China es una economía financieramente muy apalancada y que ha apostado en los últimos años a generar un modelo de crecimiento basado en un mercado de consumidores nacionales que durante esta crisis han tenido una movilidad muy limitada.


Algunos formadores de opinión han querido extraer algunas lecciones del brote de la gripe aviar de principios de este siglo, que tuvo un impacto económico relativamente menor en China. Lamentablemente ese ejercicio es poco útil, pues la China del 2003, representaba el 4 por ciento de la economía mundial, tenía un modelo económico altamente exportador y bajos niveles de endeudamiento. La China de hoy día genera el 16 por ciento del producto económico mundial, no dispone de recursos para activar créditos masivos a los sectores productivos, y su población tenderá a reducir el consumo de bienes y servicios en los próximos meses para compensar los ingresos no percibidos producto de la cuarentena y otras disrupciones relacionadas.


El impacto de una contracción de la economía china se sentiría de manera muy desigual en el resto del mundo. Una caída de un 1 por ciento del PIB chino induciría una reducción de 0,35 por ciento en el PIB de Corea del Sur, 0,30 por ciento en Hong Kong, 0,12 por ciento en Alemania y 0,4 por ciento en EE.UU. Esta dispersión de resultados no es trivial al momento de rebalancear portafolios de inversión en respuesta al coronavirus.


El Sr. El-Erian sostiene que este shock es lo suficientemente fuerte como para desarticular temporalmente las fuerzas que han motorizado el mercado accionario alcista de la última década, por lo que para la mayoría de los inversionistas lo prudente sería minimizar flancos vulnerables de su portafolio, es decir los activos con mayor exposición al desempeño de la economía china y en particular posiciones accionarias ilíquidas.


Aquellos que insisten en la estrategia de buy-the-dip deben comprar acciones de empresas estadounidenses con sólidos balances que les permitan sobrevivir al coronavirus y sus aun impredecibles consecuencias.

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