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El momento de las acciones preferentes


La coyuntura de tasas al alza en un contexto de alta inflación y una potencial recesión conspira contra la rentabilidad de las acciones pero resalta los beneficios de un dividendo alto y una baja posibilidad de sufrir pérdidas de capital. Este un buen momento para dar una segunda mirada a las acciones preferentes estadounidenses.

 

En las últimas semanas los mercados accionarios internacionales han sufrido importantes caídas que obligan a los inversionistas a repensar sus estrategias de inversión.


Cuando un sector de actividad que ha sido el gran impulsor de la subida de los índices bursátiles pierde la capacidad de generar expectativas de crecimiento, como ha sido en caso del sector tecnológico en las últimas semanas, los dueños de las acciones de estas compañías tienen que distinguir entre aquellas que están pasando por crisis temporales de las que mantendrán las pérdidas causadas de manera más permanente.


Sólo a título ilustrativo, la acción de Westinghouse alcanzó un máximo histórico de 290 dólares por acción a principio de octubre de 1929, días antes de la Gran Caída de la bolsa de Nueva York, y no volvería a recuperar dicho valor hasta noviembre de 1954.


No se está implicando que la reciente caída bursátil tendrá las dimensiones de la de la Gran Depresión, pero si el hecho de que después de una gran corrección de precios hay una destrucción de valor con la que los inversionistas tienen que vivir.


Como las recuperaciones de precios no son instantáneas, y luego de las caídas vienen periodos de movimientos erráticos de precios, es razonable pensar que será necesario incorporar a los portafolios de inversión nuevos títulos valores que ayuden a mitigar las pérdidas sufridas.


En el contexto de inversión actual se espera que el mercado bursátil estadounidense ofrezca retornos interanuales del orden del 5 por ciento para lo que resta de la década. No habrá una importante recuperación bursátil hasta que un nuevo sector de actividad llene el espacio que en los últimos años ocuparon las empresas tecnológicas.


Mientras alcanzamos un nuevo paradigma de inversión, existen inversiones temporales que pueden ofrecer un flujo de ingresos con discretas volatilidades de precios. Dentro de este grupo podemos colocar a las acciones preferentes.


Una acción preferente es un título de renta variable que ofrece a los inversionistas un dividendo superior al de las acciones comunes a cambio de ceder derechos de voto. Los compradores de estos papeles están interesados en el flujo de dividendos ofrecidos, no tienen grandes expectativas sobre la apreciación de la acción y mucho menos el participar en la toma de decisiones corporativas.


Los emisores de las preferentes aspiran tener un socio silente, del cual se pueden deshacer luego de un periodo generalmente no menor de a cinco años. A estos títulos se les reconoce como “híbridos” porque tienen rasgos de acciones y de bonos simultáneamente.


Los precios de las acciones preferentes, al igual que los de los bonos de tasa fija, caen cuando suben las tasas de interés. Y esto es lo que ha pasado a las preferentes estadounidenses durante el primer cuatrimestre de 2022, donde el 80 por cientos de las emitidas a dividendo fijo se transan con un descuento sobre su valor facial.


Aunque las tasas de interés en EE.UU., según lo anunciado por la Reserva Federal, seguirán subiendo, buena parte de la corrección de precios de las acciones preferentes ya se ha materializado debido a una propiedad de estos instrumentos conocida con el nombre de convexidad, de la cual no hablaremos en esta columna.


Entonces, los precios de las acciones preferentes estadounidenses emitidas en el último par de meses tienen poco espacio para seguir cayendo, sus dividendos son muy competitivos con las tasas de interés vigentes, llegando en algunos casos a ofrecer hasta un 6 por ciento anual (calculado sobre su valor facial).


Si las tasas de interés comienzan a caer nuevamente, lo que pudiera suceder a finales de 2023, quienes compren estos títulos ahora tendrán una discreta ganancia de capital al subir los precios de estos títulos a un valor cercano al par además de un jugoso dividendo. Esta situación no se mantendrá por tiempo indefinido pues los emisores tienden a recomprar dichos papeles luego de cinco años de su fecha de emisión.


La coyuntura de tasas al alza en un contexto de alta inflación y una potencial recesión conspira contra la rentabilidad de las acciones pero resalta los beneficios de un dividendo alto y una baja posibilidad de sufrir pérdidas de capital. Este un buen momento para dar una segunda mirada a las acciones preferentes.

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