¿Hacia un Nuevo Paradigma de Inversión?
- Arca Análisis Económico
- 5 may
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Resumen
El modelo económico de Trump, que reconfigura el tejido empresarial global, podría reducir en el corto plazo la rentabilidad de empresas estadounidenses y provocar caídas en acciones y bonos corporativos. Esto impulsa un cambio de paradigma de inversión: buscar activos con bajo grado de correlación con el mercado de EE.UU., aunque identificarlos es difícil dada la profundidad y variedad únicas de su mercado financiero.
Un factor decisivo del éxito económico alcanzado por EE.UU. a partir de 1945 fue su capacidad para crear valor para el sector privado a través de las innovaciones financieras.
Una de estas innovaciones ha sido el uso creativo del apalancamiento financiero, que no es más que apoyarse extensivamente en el endeudamiento de las corporaciones para financiar fusiones, adquisiciones y restructuraciones además de reducir, en muchos casos, los conflictos de agencia.
Este apalancamiento vino acompañado por la desregularización de las tasas de interés durante la década de los 70 del siglo pasado; la eliminación de las restricciones a la recompra de acciones y cambios en los esquemas de remuneración a los ejecutivos permitiendo que parte de sus salarios fuesen pagados con acciones de las empresas para las que trabajan, donde dicha porción de ingreso se trata como una ganancia de capital a la cual se le aplica una tasa de impuesto más favorable que la que corresponde al ingreso corriente.
Detrás de todo boom económico siempre hay quienes se benefician más que otros. Y en el caso de la sociedad estadounidense estos fueron los que tuvieron acceso a la propiedad accionaria, bien por ser los dueños de las empresas o por ser empleado remunerados con ellas.
Como el crecimiento del valor de los activos financieros fue superior al de los ingresos de buena parte de los miembros de la sociedad hay varios hechos que se derivan de esta situación. Por un lado, surge la matriz de opinión de que la creación de valor causada por la innovación financiera es un hecho que sólo beneficia a Wall Street y para nada al llamado Main Street, lo que genera una fuente de tensión que es capitalizada por el mundo político y que en alguna medida es el germen que alimenta a movimientos como el MAGA.
Por otro lado, al estar buena parte de la riqueza de los hogares concentrada en acciones de oferta pública, de hecho cerca del 26 por ciento de los activos de estos hogares lo constituyen acciones y fondos de inversión, sus decisiones de consumo estarán muy afectadas por el desempeño del mercado accionario estadounidense.
El modelo económico que en este momento intenta implantar la administración Trump implica una recomposición del tejido empresarial a nivel mundial que en el corto plazo afectará negativamente la rentabilidad de las empresas estadounidenses, reflejándose en una corrección de precios a la baja tanto de las acciones como de los títulos de renta fija que dichas corporaciones emiten, por lo que algunos formadores de opinión dentro de los mercados de capitales hablan de un cambio en el paradigma de inversión.
¿De qué se trata dicho cambio de paradigma? En palabras muy sencillas, buscar familias de activos cuyo desempeño esté poco relacionado con el del mercado estadounidense. La identificación de tales activos no es obvia, porque no existe en el mundo un mercado financiero tan profundo y variado en su oferta de títulos valores como el estadounidense.
El cambio de paradigma se comienza a gestar en una especie de campo minado donde las presiones inflacionarias no han cesado y donde las primas de riesgo que exigen los inversores para adquirir los activos estadounidenses están aumentando. Para muchos analistas, las acciones estadounidenses siguen sobrevaloradas en comparación con sus pares, y el último informe de estabilidad financiera del FMI calificó esto como un gran riesgo para los mercados globales.
A las preocupaciones ya mencionadas se unen algunos efectos “no deseados” de la innovación financiera. Gracias al régimen de bajas tasas que imperó durante los 15 años que siguieron a la Gran Crisis Financiera del 2008, se aceleró el desarrollo del endeudamiento corporativo en los mercados de crédito privado al que acuden, especialmente, empresas que se consideran demasiado riesgosas para calificar para el otorgamiento de los préstamos bancarios.
Este mercado de créditos privados, que también se conoce como shadow banking, no tiene estándares regulatorios suficientemente robustos, y es el candidato natural a sufrir eventos de insolvencia crediticia masiva que pueden ser provocados por factores que hasta ahora habían estado fuera de los radares de riesgo institucionales, como puede ser el impacto del nuevo régimen arancelario estadounidense en la solvencia de las empresas altamente apalancadas.
La innovación financiera obviamente crea valor para las corporaciones porque les permite hacer una gestión más inteligente de los activos, los pasivos y las cuentas patrimoniales. Buena parte de dicha innovación se concreta en instrumentos financieros que terminan formando parte de los portafolios de inversión de los inversionistas institucionales y las personas naturales.
Como siempre, innovación y disrupción son un binomio inseparable, que en el caso de la economía estadounidense se ha apoyado, a regañadientes muchas veces, en un marco institucional que es abierto a la emisión de nuevos productos, pero que puede ser excesivamente celoso de su control. Ejemplo de ello es la gran lucha de los promotores de las criptomonedas para encontrar un espacio legal dentro de los mercados financieros.
Tantos cambios simultáneos no pueden ser digeridos suavemente, y en los próximos años el sistema financiero internacional sufrirá las consecuencias de tantas perturbaciones. Es ingenuo pensar que las premisas sobre las cuales se construyeron los portafolios privados de inversión pueden seguir funcionando sin tomar en cuenta los cambios en las relaciones comerciales y en el juego geopolítico en general.









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