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La carta anual de Warren Buffett


En muchos aspectos vivimos la vida como sí fuésemos eternos. Como si muchos eventos que dependen de la voluntad de un tercero nunca dejarán de suceder, tal como es el caso de la publicación de la carta que todos los febreros, desde hace décadas, Warren Buffet, dirige a los accionistas de Berkshire Hathaway. De la carta de este año, en que W. Buffett cumplirá 90 años, escogimos para compartir con los lectores sus reflexiones sobre cambios ocurridos en las prácticas de gobierno corporativo en los últimos 62 años.

En muchos aspectos vivimos la vida como sí fuésemos eternos. Como si muchos eventos que dependen de la voluntad de un tercero nunca dejarán de suceder, tal como es el caso de la carta que todos los febreros, desde hace décadas, Warren Buffet, dirige a los accionistas de Berkshire Hathaway.


La carta se espera todos los años con mucha ansiedad no solo por la rendición de cuenta tradicional, que incluye desde hace algunos años comentarios muy escuetos sobre los planes de sucesión de una empresa donde los dos principales líderes, Warren Buffett y Charles Munger, cumplirán en 2020, 90 y 96 años respectivamente, sino también por las agudas reflexiones que el Sr. Buffett hace sobre el mundo corporativo, las tendencias industriales y la política estadounidense.


Este año no quiso hablar de política, tal vez porque habrá elecciones presidenciales en EE.UU. en noviembre, pero si del rol de los directores en las juntas directivas de las corporaciones, señalando que en un pasado no tan remoto, los abogados eran quienes lideraban el debate sobre las responsabilidades de los miembros de los directorios, hoy en día los inversionistas institucionales y los políticos profesionales han entrado con fuerza en tal debate.


Buffett también habló de una asignatura pendiente: lograr una mayor participación de las mujeres en las juntas directivas. Si bien, reconoció que treinta años atrás las únicas mujeres miembros de los directorios corporativos, eran aquellas que formaban parte de las familias que controlaban la empresa, hoy en día hay muchas más, pero la equidad de género está aún lejos de ser una realidad.


No importa cuánto se haya avanzado en la implantación de reglas y procedimientos que refuercen el buen funcionamiento de los directorios, según Buffett hay un reto que siempre estará presente: encontrar y retener un o una presidenta ejecutiva, que sea talentosa, integra, y que dedique el resto de su vida profesional a la empresa. Cuando esto se logra el trabajo de los miembros del directorio es realmente sencillo, cuando no es el caso, la vida de todos se complica.


En la actualidad los comités de auditoría trabajan muchas más horas y con mayor seriedad que en el pasado, lamentablemente estos comités no siempre consiguen gerentes corporativos que les igualen en intenciones e intereses. W. Buffett recuerda a unos cuantos presidentes ejecutivos que manipularon cifras corporativas no tanto por un interés crematístico, más para satisfacer sus egos.


Los comités de compensación se apoyan cada vez más en costosos consultores externos, por lo que los planes de compensación de los gerentes se vuelven más complicados de entender. ¿Será tal vez porque es difícil justificar los altos honorarios que estos asesores reciben por preparar un sencillo plan de compensación?


Una buena práctica de gobierno corporativo que ha surgido con los años es la reunión periódica de la junta directiva sin el presidente ejecutivo. Antes de la implantación de esta práctica era muy raro participar en una junta directiva en que las habilidades del presidente ejecutivo, sus adquisiciones corporativas y su remuneración se discutieran francamente.

Las propuestas de adquisición siguen siendo un problema particularmente complejo para los miembros de las juntas directivas. La orquestación legal para hacer tratos se ha sido refinando, volviéndose más compleja y costosa. Sin embargo, los presidentes ejecutivos, siguen actuando defensivamente, cuando alguien objeta una adquisición corporativa que desean mucho, y W. Buffett confiesa que él también se comporta a veces de al manera. En la actualidad, sigue existiendo un gran sesgo hacia las adquisiciones corporativas que gozan del favor del presidente ejecutivo y sus colaboradores.


Otro aspecto que preocupa a W. Buffett es como lograr reclutar directores verdaderamente independientes, en aquellas corporaciones donde las dietas por reunión asistida pueden bordear los trecientos mil dólares. Lamentablemente no elabora recomendaciones en este particular.


Para W. Buffett los atributos que debe tener un buen director de junta directiva no han cambiado, en esencia, en los últimos sesenta años: ellos deben ser personas con astucia empresarial, comprometidos con el bienestar de los accionistas y con intereses muy específicos en las empresas en cuyas juntas se sientan.


Ojala esta no sea la última carta de W. Buffett a los accionistas de Berkshire Hathaway. Alguna vez esa última carta llegará para recordarnos que aunque no somos eternos siempre tenemos la opción de intentar ser pertinentes y el Sr. W. Buffett lo ha sido, y mucho.

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