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La compra y venta de acciones sin pagar comisiones: ¿Lo barato sale caro?

Actualizado: sep 16


Resumen


Gary Gensler, el nuevo Presidente de la Comisión Nacional de Valores de EE.UU. (SEC, por sus siglas en inglés) tiene entre sus manos un tópico muy caliente: evaluar la pertinencia de permitir que los bancos de inversión reciban comisiones de los intermediarios bursátiles por colocar a través de ellos las operaciones de compra y venta de valores de sus clientes. Gracias a esta practicas hoy es posible, en EE.UU., comprar y vender acciones sin que los clientes finales paguen comisiones transaccionales.


¿Exceden los beneficios de este nuevo modelo de negocios los costos asociado a un claro conflicto de intereses? La respuesta a esta pregunta marcará la agenda de trabajo de la SEC en los próximos años.

En los últimos años, hemos reseñado en esta columna como los costos de comprar y vender acciones en EE.UU. se han ido reduciendo hasta llegar al punto en que es posible comprar y vender acciones sin pagar comisiones bursátiles.


El modelo de negocios de Robinhood, la institución financiera favorita de los pequeños inversionistas durante la pandemia, ofrece como principal atractivo el ejecutar transacciones bursátiles sin costo. También hemos explicado anteriormente, que este fenómeno es posible gracias a que los bancos de inversión ganan dinero al direccionar las transacciones de sus clientes hacia intermediarios que les pagan comisiones por los volúmenes de operaciones que les asignan.


Esta práctica comercial no goza de aceptación universal, de hecho en el Reino Unido, Australia y Canadá está claramente prohibida. No es de extrañar entonces, que Gary Gensler, el nuevo Presidente de la Comisión Nacional de Valores de EE.UU. (SEC, por sus siglas en inglés) haya comenzado su gestión poniendo sobre la mesa las implicaciones que tienen para los distintos actores de los mercados financieros tal arreglo comercial.


En opinión de Gensler el pago de estas comisiones tiene implícito un conflicto de intereses, ya que los llamados market makers, que son quienes reciben los flujos de órdenes de compra y venta, no solo ganan un pequeño margen de intermediación, sino que también a través de dichos flujos de ordenes extraen, antes que otros actores, piezas de información sobre la oferta y demanda de títulos valores que se está consolidando en el momento. Saber que está pasando con anticipación genera una ventaja para los actores que tienen tal privilegio.


Aunque los funcionarios de la SEC no han encontrado evidencias que sugieran que esta práctica cause algún daño a los inversionistas, consideran que algunas normativas deben emitirse para garantizar la transparencia, puesto que esta beneficia la competencia y en última instancia la eficiencia de los mercados.


En la actualidad un poco menos del 50 por ciento de la compra y venta de acciones se canaliza a través de las bolsas de valores, el resto va a través de otros intermediarios privados conocidos con el nombre de dark pools. Este arreglo institucional genera opacidad, ya que cuando una transacción puede ser procesada por distintos canales se abre la posibilidad de que ocurran abusos.


El direccionamiento de transacciones a cambio de comisiones debe ser parte de un sistema global donde puede hacerse un mejor seguimiento de cómo se ejecutan las transacciones. Los clientes tienen derecho de conocer los detalles de la fijación de las comisiones o al menos la idea general de cómo estas son fijadas. Es obvio que lo que no se paga explícitamente se ve reflejado en los precios de compra y venta obtenidos por los clientes.


Los grandes bancos de inversión, que han estado en el negocio de la intermediación bursátil por años, reciben no más del diez por cientos de sus ingresos por los flujos de órdenes que asignan dentro de la red de market makers bursátiles y extrabursátiles. Los nuevos actores como Robinhood hasta un 80 por ciento de sus ingresos.


Vale la pena destacar que el boom de apertura de nuevas cuentas que explotó durante la pandemia, no sólo atrajo clientes a las operaciones con acciones, también lo hizo hacia los productos derivados vinculados con los títulos de renta variables, así como con cripto activos.


La sensación de los nuevos inversionistas es que las transacciones “gratis” han sido un gran paso para la democratización del mercado de capitales en EE.UU. Si bien “los ortodoxos” hubiesen preferido que tal apertura se hubiese dado en un contexto donde los nuevos clientes hubiesen recibido mayor formación sobre las características de los productos que se han ido popularizando, las cosas pasaron como pasaron y ese segmento de clientes llegó para quedarse.


No debemos olvidar que es muy posible que una porción importante de estos nuevos actores terminen incrementando su cultura financiera, lo que en el futuro debería reflejarse en una mejor toma de decisiones en temas de largo plazo como el fondeo del retiro y de la educación de la siguiente generación.


Para la Administración Biden es incosteable pagar el costo político de prohibir el pago de comisiones por el direccionamiento de transacciones bursátiles, dada la creciente participación en los mercados financieros del público de detal. Pero el costo de la opacidad, aunque difícil de medir, puede ser aún mayor.

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