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  • Arca Análisis Económico

¿Y si la inflación no baja?


Hay suficientes razones para sospechar que la meta inflacionaria de la FED podría ser inalcanzable en los próximos años, y que ante la imposibilidad de alcanzarla habría que definir una nueva.


¿Qué sustenta dicho temor?: una serie de factores, de naturaleza novel, entre los que se cuenta la recomposición de las cadenas de suministros producto de la desglobalización, el envejecimiento de la población económicamente activa en los países desarrollados y el costo de sustituir las fuentes tradicionales de energía por otras menos nocivas al ambiente.


En un contexto de tasas de interés más altas, producto de la inflación, se esperaría un ralentización del mercado inmobiliario estadounidense; redireccionamiento en el corto plazo del ahorro hacia la renta fija para capturar rendimientos nominales más altos que los de los años previos; reducción de los programas de recompra de acciones; nuevas emisiones de deuda a tasas variables y revisión de las estimaciones de las provisiones para el financiamiento de los planes de pensiones corporativos.

 

La Reserva Federal de los EE.UU. (FED) ha manifestado con bastante claridad la intención de subir la tasa del mercado interbancario (Federal Fund Rate) hasta que la inflación comience a dar señales inequívocas de estar retrocediendo. Una vez que dicha tasa alcance un máximo debe pasar un tiempo para que comience el proceso de ajustarla nuevamente a la baja.


Como es de esperarse, los actores de los mercados financieros se preguntan: ¿Cuál será el máximo que tocará la tasa interbancaria?, ¿Cuándo lo alcanzará, ¿Cuánto tiempo debe pasar para que comience el ajuste a la baja? Estas preguntas se formulan en un contexto en que la FED sigue manteniendo en 2 por ciento el nivel inflación admisible para que la economía estadounidense funcione con mínimas disrupciones.


Sin embargo, hay suficientes razones para sospechar que la meta inflacionaria de la FED podría ser inalcanzable en los próximos años, y que ante la imposibilidad de alcanzarla habría que definir una nueva.


¿Qué sustenta dicho temor?: una serie de factores, de naturaleza novel, entre los que se cuenta la recomposición de las cadenas de suministros producto de la desglobalización, el envejecimiento de la población económicamente activa en los países desarrollados y el costo de sustituir las fuentes tradicionales de energía por otras menos nocivas al ambiente.


Por supuesto que la FED está obligada a mantener la meta inflacionaria del 2 por ciento hasta que la cruda realidad la obligue a reconocer lo inocultable. ¿Cuál sería esa nueva meta? ¿Cuándo sería anunciada? Estas preguntas no serán respondidas en el corto plazo, y conocer su respuesta no es lo más relevante. Lo interesante en este caso es entender cómo se adaptara la sociedad para funcionar bajo niveles inflacionarios no vistos en la última década.


Para comenzar, vale la pena recordar que mientras mayor es la inflación esperada más altas serán las tasas de interés. Por lo que las fuentes de financiamiento baratas de la década pasada en los países desarrollados se acabaron.


En un contexto de tasas más altas hay unos cambios previsibles en las conductas de las corporaciones y los individuos que vale la pena discutir brevemente.


Para empezar, se esperaría una ralentización del mercado inmobiliario estadounidense debido al aumento del costo de las hipotecas. Es probable que los precios de los inmuebles no caigan sustancialmente porque los deudores hipotecarios son de mejor calidad crediticia que sus homólogos de la Crisis Financiera del 2008, por lo que tienen mayor capacidad de aguante.


Los propietarios de viviendas hipotecadas tenderán a mudarse menos ya que al hacerlo pierden una hipoteca a baja tasa y tendrían que sustituirla por una de mayor costo.


Las personas naturales tenderán a colocar en los próximos años una mayor proporción de sus ahorros en instrumentos de renta fija. Un treasurie a dos años con rendimientos del orden del 5 por ciento es bastante competitivo frente a un mercado accionario volátil.


Habrá mucho dinero acumulado en renta fija esperando a que la FED de una señal inequívoca del comienzo del ajuste a la baja la tasa del mercado interbancario. Los cambios en la tendencia del mercado accionario pueden ser muy bruscos, por lo que se presenta la disyuntiva de comprar prematuramente sacrificando tasas de interés altas y sufrir la volatilidad del precio de las acciones, o esperar un mejor momento para volver al mercado accionario con el riesgo de perder un rally.


Las corporaciones tenderán a disminuir los programas de recompra de acciones financiados con deuda, debido a los costos del financiamiento. Mientras los demócratas, que ven estos programas con muy malos ojos, controlen la presidencia y el senado, los costos políticos para las empresas que implanten estos programas hay que tomarlos en cuenta.


Las corporaciones tenderán a emitir instrumentos de deuda a tasa variable esperando a que en un futuro las tasas de interés bajen y en consecuencia sus costos. Este comportamiento es simétrico al vivido en la década pasada donde había una preferencia por contratos a largo plazo y a tasa fija, para tratar de atar recursos de bajo costo el mayor tiempo posible.


Aquellas corporaciones que ofrecen planes de pensiones para sus empleados se verán beneficiadas, porque al subir las tasas de interés los cálculos actuariales mostrarán una reducción en este tipo de pasivos y en consecuencia se reducirán los apartados de utilidades para cubrirlos.


La oferta de fondos invertibles en el mundo de capital de riesgo disminuirá y el costo de los recursos aumentará. En la medida en que los instrumentos de renta fija sean más rentables, los inversionistas requerirán una prima de riesgo mayor por colocar dinero en actividades intrínsecamente más ilíquidas y riesgosas.


Si la década siguiente presenta niveles inflacionarios más altos se exacerbarán los problemas asociados al financiamiento del retiro ya que por razones obvias el dinero acumulado será insuficiente y esto afectará la demanda de bienes y servicios para el segmento de la tercera edad.


Las personas cautas cercanas a la fecha del retiro tendrán que enfrentar la contingencia inflacionaria con estrategias similares a las usadas para sortear otros eventos impredecibles como puede ser una aguda corrección del mercado accionario, es decir revisando con frecuencia sus costos y gastos, revaluando la pertinencia de mantener activos de alto costo de mantenimiento como puede ser el caso de vehículos de lujo, viviendas espaciosas, acciones en clubes o segundas viviendas y tratando de generar ingresos por actividades a dedicación parcial.


Parte del éxito de muchas corporaciones es saber sortear los eventos imponderables de los ciclos económicos y obviamente la inflación, en tanto modulador del consumo y la inversión, es uno de ellos. Pero en el caso de las personas, la situación es más dramática ya que a diferencia de las empresas su horizonte de vida es más corto y no siempre tienen el tiempo para corregir los impactos negativos de la economía.


Prepararse para un mundo con mayores niveles de inflación no sólo es sensato, es necesario.

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