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La FED y su nueva arma


La FED podría contrarrestar un repunte de la inflación usando un arma que hasta ahora no ha necesitado desenfundar: el control de la curva de rendimiento, que puede lograr comprando grandes cantidades de bonos del tesoro con vencimiento de largo plazo.

A la fecha en que escribe este reporte, la Reserva Federal (FED) ha usado buena parte de sus herramientas de intervención: ha bajado la tasa de redescuento, ha activado varios programas de recompra de títulos valores para inyectar liquidez a instituciones financieras, ha aprobado líneas de créditos a bancos centrales amigos para garantizar el flujo de dólares a la economía mundial, medidas que le llevarán a expandir su balance, el cual pasará de 4,2 billones de dólares en el 2019, hasta 7,2 billones de dólares al final del 2020.


Para poner los montos mencionados en el párrafo previo en perspectiva, el balance de la FED crecerá en el 2020 más de lo que lo hizo durante la década pasada, que como todos recordamos fue la siguiente a la Gran Crisis Financiera Internacional.


Muchos se preguntan sí la gran inyección de recursos que se inyectará en los países del G-20 en los próximos meses no liberará al monstruo de la inflación en los próximos años. Y sí este es el caso: ¿qué esperar de la FED?


Las posibles acciones de la FED dependerán de cómo se financie el estímulo fiscal aprobado por el Congreso de los EE.UU. y la Administración Trump. En un principio, el Departamento del Tesoro emitirá papeles de corto plazo (treasury bills) que comprará la FED, y posteriormente venderá títulos de más largo plazo que terminara en poder del público. La FED puede, por supuesto comprar portafolios de treasuries en poder de los inversionistas privados sí la demanda de liquidez así lo requiriese.


La flexibilidad que tiene la FED de incrementar su balance comprando treasuries tanto al público como al ente emisor, deberían evitar un crecimiento de las tasas de interés de largo plazo. Los estímulos monetarios y fiscales pueden ser más efectivos, sí las tasas de interés de largo plazo se mantienen bajas y para ello la FED cuenta con una herramienta que hasta ahora no ha usado: el control de la curva de rendimiento.


Países como Australia y Japón han implantado este mecanismo de control fijando el rendimiento de un punto específico de la curva. El Banco Central de Australia, por ejemplo, se compromete a fijar en 0,25 por ciento el rendimiento del papel soberano con vencimiento a tres años. Dicho compromiso se ve reflejado en su disposición de comprar todos los títulos soberanos de ese plazo que los actores del mercado le ofrezcan. Mientras más largo es el plazo de vencimiento del título usado como ancla, mayor es el impacto sobre el rendimiento del mercado de bonos, pues todos los papeles con vencimiento menor al del título de referencias verán sus retornos afectados.


Aunque los técnicos de la FED tienen diez años estudiando el mecanismo de control de la curva de rendimiento, es posible que todavía no haya llegado el momento de su aplicación, pues los bajos precios del petróleo, y el hecho de que la inyección de liquidez en manos del público y las empresas, para amortiguar el impacto económico del COVID-19, sea un evento de corta duración, nos hace pensar que tal repunte inflacionario no se vislumbra en el horizonte. Pero sí fuera el caso la FED no dudaría en probar su nueva arma.

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