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La llegada de Joe Biden: o los temores que no cesan

Actualizado: nov 23


Este es el primero de una serie de dos entregas semanales que se enfocarán en aquellos temas donde Donald Trump y Joseph Biden tienen posiciones similares. Una nueva administración con una mayoría endeble, le permitirá al Presidente Biden mostrar hasta qué punto sus habilidades como negociador funcionarán o no en su nuevo cargo. La columna de esta semana se la dedicaremos a las grandes empresas tecnológicas bajo la nueva administración estadounidense.

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En las próximas semanas los formadores de opinión a nivel mundial comenzarán a hacer sus pronósticos de lo que significará interaccionar con la Administración Biden.


Independientemente de los estilos personales tan contrastantes entre el presidente saliente y el entrante, hay una serie de temas pendientes en la vida pública estadounidense que seguirán tratándose más o menos de la misma manera, sea cual sea el inquilino de la Casa Blanca, y entre ellos destacan: la relación con China y el enfrentamiento del estado con las grandes empresas tecnológicas. Hoy hablaremos de las empresas tecnológicas.


Tanto republicanos como demócratas ven con celo la cantidad de poder que las grandes empresas tecnológicas han acumulado en la última década. Para muchos, lograr dividir estos conglomerados es una idea atractiva que complacería a numerosos grupos de interés, pero peligrosa pues crearía al mundo político grandes fricciones con unos actores que poseen una enorme cantidad de recursos que usarían sin temor alguno para anular a sus enemigos.


Biden es considerado un centrista dentro del partido demócrata, y un político de larga experiencia buscando consensos en el congreso estadounidense, habilidad que aunque reconocida por muchos no le ha ganado el respeto de sus copartidarios del ala izquierda.


Antes de quemar esfuerzos para dividir las empresas tecnológicas, para lo cual requiere controlar el senado de su país (variable que se definirá en enero de 2021, una vez que suceda la segunda vuelta para elegir dos senadores de Georgia) el Presidente Biden podría apostar a promover la emisión de reglas de juego más estrictas, en temas como el uso de información recopilada a través de la red. Sin un senado a su favor, es poco lo que Biden puede hacer para frenar a las grandes empresas tecnológicas.


La empresas de alta tecnología generan importantes utilidades sobre activos intangibles domiciliados fuera de EE.UU. (patentes, licencias, etc.), sobre las cuales no pagan impuestos hasta que dichas utilidades no son repatriadas. Durante las elecciones, Joe Biden prometió establecer un impuesto de no menos de un 21 por ciento sobre estas ganancias. Al igual que en el caso de las leyes antimonopolios, estos incrementos en las tasas de impuesto requieren de una mayoría en el senado para ser implantados.


Es muy posible que se haga una revisión a la Sección 230 de la Communications Decency Act, que exime de responsabilidad a las plataformas de las redes sociales sobre la veracidad de contenidos publicados a través de ellas. Esta es sin duda un área donde republicanos y demócratas tienen plena coincidencia, por lo que armar una pieza de legislación que se ocupe del tema seguramente verá la luz en los próximos años.


Mientras haya un congreso dividido, el cabildeo de las grandes empresas tecnológicas garantizará que sus modelos de negocios perduren. Sin embargo, los inversionistas con olfato deben estar muy pendientes de los cambios sociales que generan nuevas representaciones en los órganos legislativos.


La llegada de Joe Biden a la Casa Blanca se da en un momento donde el Partido Demócrata presenta grandes fisuras, debido a que sus alas izquierda y derecha muestran posiciones encontradas sobre los grandes temas que afectan a la sociedad estadounidense: pobreza, insuficiente cobertura de salud, desigualdad de oportunidades y racismo.


Muchas de las reivindicaciones a las que aspiran los ciudadanos requieren de grandes inversiones en programas sociales que forzosamente pasan por el aumento de impuestos a nivel federal y local. Las inversiones son indiferibles, y el precio de hacerlo sería crear los niveles de violencia con los que el Presidente Trump asustaba a los votantes de los suburbios. Cambia el presidente pero no los problemas.

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