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La transición energética y la redistribución del poder: el nuevo libro de Daniel Yergin


El pasado 15 de septiembre salió a la venta el nuevo libro de Daniel Yergin, una autoridad mundial en el tema petrolero, titulado “The New Map: Energy, Climate and the Clash of Nations” que analiza los cambios en las relaciones de poder entre los grandes productores y consumidores de petróleo que se darán en un contexto de transformación de los modelos de negocio del sector energético acelerado por el calentamiento global.


Tal vez el contenido más novedoso de este nuevo libro de D. Yergin radica en mostrar como la transición energética de los combustibles fósiles hacia energías alternativas será más dolorosa para quienes no puedan capitalizar las oportunidades generadas por las nuevas tecnologías.


Para ilustrar su argumento el autor analiza el posicionamiento de China en este nuevo orden político-económico. El gigante asiático es el quinto productor mundial de petróleo, sin embargo importa el 75 por ciento de sus requerimientos energéticos, lo que le da el dudoso honor de ser el principal importador de energía del mundo.


La frágil posición de los chinos, se complica porque a través del Estrecho de Malaca pasan todos los buques petroleros que suministran crudo al país por la ruta del Mar del Sur de China. Si dicho estrecho quedase bloqueado en un conflicto bélico, su impacto sobre la economía nacional sería inconmensurable.


Como los chinos no pueden cambiar la geografía, han apostado algunas fichas al desarrollo de estrategias que reducen el consumo de combustibles fósiles, y de allí el espaldarazo a los vehículos eléctricos, que bajan la dependencia en el crudo importado y son menos contaminantes. China posee cerca del 50 por ciento del parque vehicular eléctrico del mundo, el 80 por ciento de la capacidad de manufactura de baterías de litios, que son usadas por los vehículos eléctricos, y el 70 por ciento de la producción mundial de paneles solares.


Adicionalmente, la adopción de esta tecnología, les permite poder alcanzar una importante tajada del mercado vehicular, meta que jamás hubiesen podido lograr con autos que usan gasolina, ya que son producidos por competidores más eficientes que los chinos.


En contraste, Rusia y Arabia Saudita generan el 50 por ciento y el 70 por ciento de su presupuesto público respectivamente de su industria petrolera, y aunque ambas naciones han intentado diversificar sus economías y reducir su dependencia de la venta del crudo, están aún lejos de lograrlo. El problema de fondo para ambos países es que la diversificación de ingresos demanda inversiones que sólo pueden financiar con los recursos generados por empresas que no producirán suficientes flujos de efectivo para hacer aportes al fisco y costear la transformación del modelo económico del país simultáneamente.


Yergin sostiene que la transición energética será un proceso lento, ya que el sector energético es un complejo sistema que factura actualmente 87 billones de dólares anuales, y del cual el 84 por ciento lo constituyen los combustibles fósiles.


Los países desarrollados, como es el caso de EE.UU. tendrán la oportunidad de aprovechar la transición energética utilizando la tecnología de punta que producen para generar nuevas fuentes de energía no contaminantes. Para alcanzar el estándar de cero emisión de carbono en el año 2050 será necesario hacer importantes inversiones en sectores de ciencias básicas (Física, Química y Ciencias de los Materiales), así como en combustión por hidrogeno, digitalización, inteligencia artificial y robótica, por decir lo menos.


La existencia de un sector privado con gran capacidad financiera y la posibilidad de tomar riesgos empresariales en la producción de nuevas fuentes de energía definirá en que bando se ubicará cada país durante la transición energética. Como en todos los cambios económicos habrá vencedores y vencidos.

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