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Las inversiones en mercados emergentes: Un nuevo episodio de la búsqueda de El Dorado.




Una de las consecuencias de la gran inyección de liquidez ejecutada por los bancos centrales de los países desarrollados desde la Gran Crisis Financiera de la década pasada fue un alza generalizada en el precio de los activos financieros. Tal subida de precios reduce los retornos futuros de una cantidad de instrumentos que son los vehículos de inversión que usan los inversionistas institucionales.


En la medida en que las posibilidades de obtener retornos satisfactorios en las familias de activos tradicionales, léase instrumentos de renta fija de gobiernos y corporaciones así como las acciones de oferta pública de los países del G-7, son pocas, los inversionistas institucionales han tenido que abrirse paso a otros “cotos” de inversión entre los que se cuentan los mercados de capital privado tanto de renta fija como variable y por supuesto hacia los mercados de capitales de los países emergentes.


Los mercados de capitales de los países emergentes son como El Dorado de las inversiones institucionales. Una región exótica que ofrece grandes riquezas y múltiples peligros. En general, en ellos no hay piscinas llenas de cocodrilos ni nativos violentos, pero si hay pobres prácticas contables, deficientes gobiernos corporativos, expropiaciones, devaluaciones de la moneda local y pasivos ambientales, más o menos ocultos, por decir lo menos.


Sin embargo, aquellos que hemos transitado a través de la pandemia, sabemos que hay riesgos inevitables, los cuales los inversionistas deben enfrentar con información y prudencia, ya que en la medida en que la economía se globaliza, las inversiones en los mercados emergentes son una parte ineludible del menú de inversiones.


Compartamos algunas estadísticas para visualizar la escala de las inversiones de las cuales estamos hablando. En los 9 primeros meses del año 2020, los emisores de países emergentes con calificación crediticia de grado inversión han colocado 119 millardos de dólares, superando los 114 millardos de dólares en títulos valores emitidos en similar período del año 2019.


No sólo se han incrementado las emisiones en moneda dura, los emisores de alta calidad crediticia también lo han hecho en sus monedas locales, que han subido de un equivalente a 31 millardos de dólares en 2019, a 47 millardos de dólares en lo que va del 2020.


Para aquellos con afición a los bonos de alto rendimiento emitidos por gobiernos soberanos, conocidos también como bonos basura, el 2020 les ha ofrecido 33 millardos de dólares en nuevas emisiones. En este segmento los emisores han tenido que luchar contra los pronósticos reservados sobre el desarrollo de sus economías y prueba de ello es que en el 2019 pudieron colocar en los mercados internacionales 50 millardos de dólares en títulos valores.


Para los familiarizados con las dinámicas de flujos de inversión en títulos de renta pública de los mercados emergentes, los fenómenos de las “estampidas” no resultan extraños. Durante el 2020 los inversionistas extranjeros han reducido sus posiciones en India, México y Brasil en 13 millardos de dólares, en el caso de cada uno de los dos primeros países, y 9 millardos de dólares en el tercero de este grupo.


Por supuesto, que como en todo mundo exótico debe haber una perla negra, un ente deseado por todos, y esa es la deuda soberana de China, que se apalanca en las expectativas de crecimiento del país a largo plazo. Algunos podrían preguntarse ¿por qué la segunda economía del mundo pertenece al club de los emergentes? Y la respuesta es que en algunas áreas particularmente en lo relacionado a la propiedad intelectual, las buenas prácticas contables, el respeto a los derechos de los accionistas minoritarios y el buen gobierno corporativo, China tiene mucho camino que recorrer.


Si los españoles no hubiesen creído en El Dorado, la exploración de muchas regiones del continente americano se habrían hecho mucho más tarde con consecuencias inimaginables. No pretendemos que el dinero de los inversionistas se coloque con la idea de mejorar la rendición de cuenta en los mercados emergentes, pero sí el dinero fluye, las presiones para crear condiciones aceptables para atraer los inversionistas institucionales también deberían rendir frutos.

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