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¿Llegó el fin del reinado de las empresas de baja capitalización bursátil?


Durante muchos años las empresas de baja capitalización bursátil ofrecieron a sus accionistas rendimiento superiores a los pagados por las grandes corporaciones. Asimetrías de información, baja liquidez bursátil o un riesgo intrínseco superior fueron las explicaciones dadas para justificar este fenómeno. Sin embargo, el comportamiento del mercado bursátil estadounidense de la última década sugiere que tal rendimiento adicional es cosa del pasado. ¿Qué podemos esperar?

Hay algunas ideas centrales que han dominado las prácticas de diseño de carteras de inversión en los últimos cincuenta años: La primera de ellas es que la cartera 60 acciones / 40 bonos es un buen punto de entrada para generar un portafolio razonablemente diversificado para un inversionista promedio, una especie de prenda talla única muy cuestionada en el contexto de tasas de interés cercanas a cero.


La segunda, es la del desempeño superior de los portafolios de empresas públicas de baja capitalización, conocidas en el argot de la industria de inversión como small cap, en relación al resto de sus pares.


Esta historia comenzó en 1981 cuando Rolf W. Banz publicó en the Journal of Financial Economics un artículo titulado: “The relationship between return and market value of common stocks” (La relación entre el rendimiento y el valor de mercado de las acciones comunes), en el reportaba que las empresas más pequeñas tenían un retorno ajustado por riesgo superior al de las grandes corporaciones de oferta pública. En dicho artículo se mencionaba que tal anomalía se venía cumpliendo desde los años cuarenta del siglo pasado, y que era muy notorio en compañías muy pequeñas.


En los años siguientes, como era de esperarse, dos preguntas derivadas de esta publicación generaron interés en el mundo académico: ¿Era este un fenómeno exclusivo de EE.UU.? y ¿Qué características tenían las empresas pequeñas que les obligaba a pagar una prima de rendimiento adicional a sus accionistas?


El fenómeno no sólo se cumplía en EE.UU., sino también en los mercados accionarios europeos y en Japón. En relación a la prima de riesgo adicional, hubo varias explicaciones posibles: las empresas pequeñas son intrínsecamente más riesgosas; el mercado secundario de las acciones de estas empresas es mucho menos líquido; la información generada sobre estas compañías es insuficiente por lo que un analista acucioso podía encontrar beneficios adicionales antes que el resto de sus congéneres.


Los banqueros de inversión más interesados en el potencial comercial de este comportamiento que en su origen, generaron una serie de productos de inversión para explotarlo. El caso de negocios era perfecto ya que había soporte académico y la posibilidad de montar una estrategia de inversión con facilidad.


Como nada dura para siempre, en la última década en el mercado accionario estadounidense no se ha confirmado este desempeño superior de las empresas de baja capitalización. En dicho periodo, el Russell 2000, considerado el indicador de referencia de las pequeñas empresas ha rentado 150 por ciento, mientras el S&P 500 ha tenido un retorno de 200 por ciento. Siempre que suceden situaciones que cuestionan al paradigma de inversión vigente, los comentarios de los analistas financieros no se hacen esperar.


Hay un primer grupo que sostiene que estos son comportamientos de muy largo plazo, y que una década de transición como la que está transcurriendo ha causado particular mella en las empresas pequeñas que tienen menos recursos para enfrentar imponderables. Situación que se hará más patente durante la pandemia.


Otros analistas atribuyen el rezago a cambios en la microestrutura del mercado accionario, dicho en palabras más sencillas, las transacciones electrónicas han reducido el costo de negociar con las acciones de empresas más pequeñas, atrayendo nuevos actores y el interés de los analistas de los bancos de inversión, lo que en conjunto genera más información y reduce las asimetrías de conocimiento que generaban los retornos adicionales observados en el pasado.


Es probable que en aquellos mercados accionarios donde la incidencia de las transacciones electrónicas masificadas no se ha hecho sentir a su máxima expresión todavía se siga obteniendo la prima por la posesión de acciones de empresas de baja capitalización.


Lamentablemente, el horizonte de inversión de los individuos es mucho más corto que la duración de las tendencias de los mercados, por lo que aunque en el largo plazo las empresas de baja capitalización bursátil sigan manteniendo rendimientos superiores, muchos podrían no beneficiarse de este hecho simplemente porque no poseerán el portafolio de inversión el tiempo suficiente para ver materializar los retornos excedentarios.

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