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Los criptoactivos: ¿una amenaza en ciernes para el sistema financiero internacional?


El pasado 16 de febrero de 2022, El FSB publicó un reporte titulado: Assessment of Risks to Financial Stability from Crypto-assets, el cual resume brevemente la evolución de esta familia de activos financieros en los últimos años y los riesgos que estos imprimen al sistema financiero internacional en la medida en que se desarrollan productos y servicios basados en la tecnología de cadena de bloques. Esta columna es un resumen de los aspectos más resaltantes de dicho reporte.

 

El Consejo de Estabilidad Financiera (Financial Stability Board, FSB) es un cuerpo internacional que monitorea los sistemas financieros nacionales de los países del G20 y elabora recomendaciones para promover la estabilidad financiera a nivel global.


El pasado 16 de febrero de 2022, El FSB publicó un reporte titulado: Assessment of Risks to Financial Stability from Crypto-assets, el cual resume brevemente la evolución de esta familia de activos financieros en los últimos años y los riesgos que estos imprimen al sistema financiero internacional en la medida en que se desarrollan productos y servicios basados en la tecnología de cadena de bloques. A continuación un resumen de los aspectos más resaltantes de dicho reporte.


La capitalización de los criptoactivos se multiplicó por un factor de 3,5 durante el año 2021 para ubicarse en niveles de 2,6 billones de dólares, un monto relativamente pequeño dentro del total de los activos manejados por las instituciones financieras a nivel internacional. Sin embargo, la conexión entre estos activos y las instituciones financieras conocidas como sistémicamente importantes (aquellas que requieren mayor capitalización que sus pares nacionales, por su capacidad de transmitir riesgo sistémico) aunque de poca cuantía en la actualidad, sigue creciendo año a año.

Los episodios de la volatilidad de precios de los criptoactivos, hasta ahora, no han sido capaces de contagiar de manera importante a los mercados financieros tradicionales, pero se mantiene latente una pregunta: ¿cuándo comenzarán a hacerlo? La respuesta no es sencilla pues existe un vacío de información que impide a los organismos reguladores del sistema financiero estimar la verdadera exposición a los criptoactivos. Parte de dicho vacío, se debe en buena medida, a que los cripto títulos transados y las plataformas de crédito en que son intermediados están fuera del alcance del entramado regulatorio convencional.

Las grandes instituciones financieras del G20 han aumentado su participación en el mundo de los criptoactivos tanto como inversionistas como proveedores de servicios. Paralelamente, se han hecho más populares estrategias financieras sofisticadas que incluyen productos derivados y mecanismos de apalancamiento que usan como referencia a los criptoactivos.


Lamentablemente, los pequeños inversionistas que han entrado masivamente a transar con esta familia de activos tienen un bajo entendimiento de los costos, las comisiones, los conflictos de interés y de la inexistencia de mecanismos de reparación o recuperación de las inversiones cuando son requeridos. Tampoco se conoce mucho sobre la resiliencia de aquellas instituciones que hacen del comercio de los criptoativos su actividad de negocios medular.


El reporte del FSB identifica tres segmentos de mercados a los cuales se debe hacer seguimiento continuo para identificar fuentes de vulnerabilidad sistémica, estos son: criptoactivos sin garantías como es el caso de los bitcoins, criptoactivos cuyas emisiones se basan en reservas en dólares que se conocen con el nombre de stablecoins y las plataformas de finanzas descentralizadas (DeFi). Como es de suponer estos tres segmentos están íntimamente relacionados, y a efectos regulatorios deberían ser evaluados conjuntamente.


Las estructuras de los stablecoins, tienen problemas similares a los de los bancos comerciales tales como los descalces de liquidez, riesgos de crédito y riesgos operativos, lo que los hace susceptibles a eventos de corridas en sus reservas.


Una cantidad relativamente pequeña de plataformas de comercio de criptoactivos que ofrecen múltiples tipos de servicios y actividades, incluidos los préstamos y la custodia, canalizan la mayoría de los criptoactivos negociados. Algunas estas organizaciones operan fuera del perímetro regulatorio de una jurisdicción o no cumplen con las leyes y regulaciones aplicables. Esto presenta el potencial de concentración de riesgos, y sugiere la falta de transparencia en sus actividades.


El crecimiento de las stablecoin ha continuado, a pesar de las preocupaciones sobre el cumplimiento normativo, la calidad y suficiencia de los activos de reserva, y estándares de gestión de riesgos y gobernanza. En la actualidad tales activos se utilizan principalmente como un puente entre las monedas fiduciarias tradicionales y los criptoactivos, lo que tiene implicaciones para la estabilidad y el funcionamiento de los mercados de criptoactivos.


Sí una de las mayores stablecoins llegase a insolventarse los problemas de iliquidez podrían afectar no solo al ecosistema de criptoactivos, si no también al mercado de financiamiento de corto plazo, donde los emisores de estas monedas compran y venden títulos financieros que forman parte de sus reservas, debido a posibles ventas desordenadas de tales títulos financieros para resolver los requerimientos puntuales de liquidez.


En lo que resta del 2022, el FSB seguirá trabajando en la identificación de fuentes de vulnerabilidad generadas por el crecimiento de los productos y servicios amparados por la tecnología de las cadenas de bloque. Se espera que los reguladores nacionales incluyan las observaciones de este ente asesor en la gran discusión que dará forma a la interacción entre los criptoactivos y las instituciones financieras ya reguladas. Lo que los reguladores del G20 deciden tarde o temprano se transforma en estándares globales.

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