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Mi Adorado Enemigo: Los Desencuentros del Presidente Xi con el Sector Privado Chino

  • Arca Análisis Económico
  • 21 ago 2023
  • 5 Min. de lectura

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Resumen


La posible reelección de Xi Jinping para un tercer mandato ha generado advertencias sobre la concentración de poder, similar a la de Mao Zedong, y su posible impacto negativo en la economía. Esto podría dar lugar a comportamientos arbitrarios y corruptos por parte de quienes integran su círculo cercano.


La economía china enfrenta tensiones debido a decisiones pasadas que fortalecieron un modelo económico orientado a la exportación. El nuevo motor de crecimiento es el mercado de consumo interno. China necesita no solo financiamiento barato, sino también inversión privada, así como reformas como impuestos al alquiler, programas sociales y transferencias directas a los hogares.


Sin embargo, el mayor reto para el gobierno chino es recuperar la confianza del sector empresarial, como ocurre en la mayoría de las economías emergentes.

Cuando se comenzó a plantear la posibilidad de que el presidente Xi Jinping se reeligiese para un tercer periodo, no tardaron en aparecer las advertencias de que tal concentración de poder, no vista desde la época del presidente Mao Zedong, tendría un impacto económico negativo, pues la misma generaría comportamientos arbitrarios y corruptos por parte de quienes fuesen su círculo más cercano de colaboradores.


Aunque su nuevo periodo presidencial apenas comienza, la economía china muestra señales de estrés que no son solamente atribuibles a las luchas de poder, sino también a una serie de decisiones del pasado, que apuntaban a fortalecer un modelo económico orientado a las exportaciones, y que dejan de tener sentido cuando se decide que el nuevo motor del crecimiento será el mercado de consumo interno.  


El país se ha visto sacudido por una caída en el comercio, una desaceleración en el gasto de los consumidores, una represión del sector privado y restricciones económicas impuestas por Estados Unidos. A lo anterior se suman las preocupaciones sobre la salud del mercado inmobiliario nacional después de que Country Garden, uno de los desarrolladores inmobiliarios más grandes del país, incumpliera con los pagos de la deuda financiera. 


La concepción del mundo que promueve el presidente Xi es sinocéntrica, por lo que su accionar político está orientado a fortalecer el control interno del país, poniendo menor atención a los impactos internacionales de sus acciones.  Es por ello que en las últimas semanas ha hecho explícita la política de ocultar información económica negativa, como es la tasa de desempleo juvenil, para aumentar la confianza dentro del país, a sabiendas de que los inversionistas extranjeros dan una pésima lectura a este tipo de acciones.  


El presidente Xi espera que las empresas propiedad del Estado lideren el crecimiento económico, y acepta un sector privado pujante en la medida en que este no ponga en peligro la preponderancia del Partido Comunista sobre el resto de la sociedad.


Para el sector privado, operar en el contexto definido por el presidente Xi es muy complicado porque no es sencillo definir cuándo el modelo económico de un sector comienza a entrar en contradicciones con las visiones del partido. 


El régimen del presidente Xi tiene el problema de que una porción importante del sector privado y de los hogares parece haber perdido la confianza en la dirección de las políticas del gobierno central y en su capacidad para guiar la economía en medio de los crecientes desafíos internos y externos.


Tal desconfianza se traduce tanto en una reducción de la inversión privada como del consumo por parte de los hogares. La población china tiene altas tasas de ahorro porque no confía en las redes de seguridad social, y parte de este ahorro se dirige al sector inmobiliario, que ha sido un pilar de la economía durante varias décadas, representando casi una cuarta parte del producto interno bruto anual.


Así como la vivienda constituye una fracción sustancial de la riqueza de los hogares, la venta de terrenos es una fuente clave de ingresos para los gobiernos locales. La abundante oferta de terrenos urbanizados y de crédito a la construcción ofrecido por los bancos del estado ha generado un importante parque inmobiliario que excede en muchos casos la demanda habitacional, transformando las viviendas en vehículos de inversión con carácter especulativo.


El gobierno chino se ha visto obligado a frenar la especulación inmobiliaria regulando la oferta crediticia, poniendo límites a la compra de segundas y terceras viviendas, regulando los precios de la vivienda en algunas ciudades y limitando la oferta de terrenos municipales urbanizables, medidas que han introducido gran volatilidad en el sector de la construcción, causando pérdidas a todos los actores involucrados. 


Reducir la desigualdad económica de la población y lograr una sociedad moderadamente próspera para el año 2050, conocida con el lema de “prosperidad común”, ha sido una meta claramente comunicada por el equipo de trabajo del presidente Xi desde el año 2021.

Cada vez que las actuaciones de un sector de actividad ayudan a ampliar las brechas de desigualdad percibidas, el gobierno no duda en intervenir, tal como fue el caso del sector inmobiliario ya mencionado, o el de las academias privadas a las que asistían los niños y adolescentes de la clase media en su tiempo libre para incrementar sus posibilidades de entrar a las mejores universidades del país.


Al gobierno le preocupaba que aumentara el descontento de quienes no podían pagar las actividades extracurriculares de sus hijos, y clausuró estas instituciones educativas, algunas de las cuales tenían alcance nacional y cotizaban en bolsa. 


China espera lograr un desarrollo tecnológico con empresas de alto valor agregado que le permitan depender lo menos posible de empresas foráneas, pero el gran reto es encontrar los socios adecuados dentro de su tejido empresarial nacional. Definitivamente, en esta tarea no puede contar con las empresas del Estado, ya que tienen severos problemas de endeudamiento y baja productividad, y tampoco con las grandes corporaciones del sector privado, que son percibidas como agentes con agendas propias que no se alinean totalmente con las del partido. Las más amistosas, en términos políticos, podrían no estar a la altura del reto.  


El 24 de julio del 2023, el politburó chino hizo una declaración ofreciendo importantes medidas para reactivar la economía. Al día de hoy, la única acción conocida fue la reducción de la tasa de redescuento que decretó el banco central a mediados de agosto, la cual los mercados financieros consideraron insuficiente, hecho reflejado en la caída de los índices bursátiles, de los bonos denominados en moneda local y la reducción que los fondos de inversión internacionales han hecho de su exposición en China durante el mes de agosto de 2023.


La economía china necesita no solo financiamiento barato, sino también inversión privada creadora de valor y consumo, por lo que es necesario implantar estímulos fiscales que incluyan recortes de impuestos sobre la renta, mayores gastos en programas sociales y algunas transferencias directas a hogares de bajos ingresos para respaldar el crecimiento a corto plazo y ayudar a aumentar el papel del consumo en lugar de la inversión estatal para impulsar el crecimiento.


Estas medidas deben complementarse con reformas del sector financiero y de las empresas estatales, el levantamiento de las restricciones a la movilidad laboral y un compromiso claro con un sector privado dinámico. Las mejoras en el gobierno corporativo y la gestión de riesgos en los bancos estatales podrían ayudar a dirigir más recursos a las empresas privadas.


Al ser China la segunda economía del mundo, sus problemas tienen consecuencias globales. En la medida en que las condiciones económicas internas se deterioren, existe el riesgo de que el gobierno apriete su agenda política para desviar la atención de la población, y temas como la oposición a la independencia de Taiwán ganen importancia.

Por otro lado, si China logra consolidar su nuevo modelo económico y sigue en la senda de la prosperidad, su músculo financiero le dará la confianza suficiente para tratar de moldear el orden mundial a su conveniencia.


Sin embargo, el mayor desafío que enfrenta el gobierno chino es ganarse la confianza del sector empresarial, como es el caso de la mayoría de las economías emergentes.

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