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Mi partido y yo: ¿podrá Xi Jingping lograr que el PCCH sea el centro de su universo?


Quien escribe esta columna siempre ha tratado de vender la idea de que la participación de los inversionistas institucionales, como accionistas de empresas de oferta pública, está muy condicionada por el nivel de desarrollo de las buenas prácticas de gobierno corporativo en los países anfitriones de estas posibles inversiones.


Cuando pensamos en mercados emergentes, China es nuestro primer foco de atención. Este no es un país sencillo de analizar, ya que por un lado tenemos al Partido Comunista Chino (PCCH), que bajo la dirección del presidente Xi Jingping se espera se transforme en el centro de todas las actividades de la sociedad. Por otro lado, tenemos al sector empresarial compuestos empresas privadas y empresas del estado.


¿Cómo armonizar los intereses de empresarios, funcionarios y miembros de clase política? La respuesta recibe el nombre de United Front Work (Departamento del Trabajo del Frente Unido del Comité Central del PCCH) que es un ente con el cual se aspira que entidades no partidistas participen para ayudar a consolidar los objetivos políticos del partido político.


Los voceros gubernamentales han presentado las primeras líneas de acción entre las que se cuenta la creación de un equipo de representantes del sector privado que formará parte de los órganos de gobierno de las empresas chinas en general, tratando de igualar el tratamiento que reciben aquellas en que el estado participa como accionista como en las que no.


¿Quiénes conforman tal equipo de representantes? Empresarios de sectores estratégicos entre los que se encuentra el tecnológico, que asistirán a los órganos de gobierno de las empresas en calidad de asesores o como representantes del PCCH.


Como nota al margen, destaquemos que el sector empresarial privado del gigante asiático ingresa a arcas estatales el 50 por ciento de la recaudación de impuestos, emplea al 80 por ciento de los trabajadores urbanos y genera el 60 por ciento de la producción de bienes y servicios nacionales.


Durante años, los representantes del sector privado han tenido que buscar fuentes alternas de financiamiento a la banca estatal que da prioridad en asignación de crédito a sus pares estatales. De allí que el Estado esté dispuesto a reducir inequidades a cambio de una participación más activa de estas empresas en el logro de la agenda política del partido.


Es muy probable que el sector privado prefiera renunciar a cualquier ayuda del estado, a cambio de no tener que incorporar a sus representantes en la toma de decisiones internas. Para todos, es claro que cuando los intereses del Estado entren en conflictos con los empresariales, el Estado impondrá su posición.


Sin embargo, es muy probable que estos conflictos no sean los típicos de los mercados emergentes, donde hay discusiones por aumentos de tarifas y calidad de servicios. Acá se discutirá sobre la pertinencia de alianzas tecnológicas con empresas occidentales, que aunque pudiendo ser interesante en lo económico pueden entrar en contradicción con la idea de crear un bloque político económico entre China y sus países satélites.


En este nuevo esquema, los miembros del partido pueden ver los cargos corporativos de importancia como vehículos para acumular poder, creando exposiciones indeseadas de las empresas a las intrigas de la corte partidista. Los inversionistas extranjeros en las compañías chinas verían esas alianzas de facto con el Estado Chino, como una fuente de fricción con sus gobiernos nacionales.


Temas como la escogencia de las bolsas de valores donde cotizar, las posibilidades de veto de las empresas chinas en el exterior y viceversa, pueden generar situaciones en que el precio de las acciones se deprime y los accionistas controladores aprovechen tales eventos para comprar las participaciones de terceros con grandes descuentos.


Algunos analistas políticos consideran que la concentración excesiva de poder en manos del Presidente Xi Jingping y sus aliados internos pueden erosionar la capacidad económica del país. Estos equipos de representantes deben ser vistos con mucha precaución.


Cada vez estamos más convencidos que la inversión extranjera en China es un juego de alta política, donde los pequeños inversionistas deben hacerlo a través de vehículos de inversión especializados para lidiar con todas las complejidades del ambiente, o tienen todas las de perder.

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