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Unas son de cal y otras son de impuestos

Actualizado: may 13


El miércoles 28 de abril de 2021 el Presidente Joe Biden presentó al Congreso de los EE.UU. su propuesta de reforma a la estructura de impuestos de su país conocida con el nombre de “Made in America Tax Plan”, la cual cuenta entre sus múltiples objetivos con el de levantar los fondos para cubrir en los próximos años los costos del ambicioso plan de ayudas para hacer frente a la pandemia causada por la COVID-19.


Aquellas corporaciones que generan buena parte de sus beneficios gracias a la explotación de activos intangibles (softwares y patentes) serán las principales afectadas por esta iniciativa, por razones que se comentan en esta columna.

El miércoles 28 de abril de 2021 el Presidente Joe Biden presentó al Congreso de los EE.UU. su propuesta de reforma a la estructura de impuestos de su país conocida con el nombre de “Made in America Tax Plan”, la cual cuenta entre sus múltiples objetivos con el de levantar los fondos para cubrir en los próximos años los costos del ambicioso plan de ayudas para hacer frente a la pandemia causada por la COVID-19.


El plan contempla elevar de 21 por ciento a 28 por ciento la tasa de Impuesto Federal; eliminar los incentivos para que las corporaciones trasladen sus operaciones y beneficios a paraísos fiscales como Irlanda; y fijar un impuesto mínimo de 15 por ciento a aquellas empresas que pese a haber obtenido grandes beneficios reducen al mínimo su contribución al fisco gracias a la planificación fiscal. Estas medidas se enmarcan dentro de un movimiento internacional liderado por políticos de los países desarrollados que busca limitar la evasión fiscal.


Aquellas corporaciones que generan buena parte de sus beneficios gracias a la explotación de activos intangibles (softwares y patentes) serán las principales afectadas por esta iniciativa.


Antes de la promulgación de la ley de impuesto vigentes, impulsada por la Administración Trump, a finales de 2017, y que se conoce con el nombre de Tax Cuts and Jobs Act (TCJA), ya muchas empresas pagaban tasas efectivas de impuestos inferiores al 21%, gracias al uso de los paraísos fiscales.


La propuesta de Biden aumentará el pago de impuestos de las empresas que usan intensivamente los activos intangibles, pues todas sus ganancias domiciliadas en el exterior se pecharan a la tasa federal de impuestos vigente. Mientras la tasa federal de impuestos se mantenga al 21 por ciento, la Oficina de Impuestos Sobre la Renta estadounidense (IRS, por sus siglas en inglés) captará el diferencial entre la tasa corporativa de impuestos del país anfitrión y EE.UU. Sólo en aquellos casos en que la tasa corporativa del país anfitrión sea igual o superior al 21 por ciento el IRS no cobrará nada.


La propuesta impositiva de Biden será un gran golpe para aquello países que ofrecen bajas tasas corporativas como incentivos para atraer inversiones extranjeras, y que en general carecen de otros diferenciadores para atraer a las empresas multinacionales.


En los años previos a la implantación de la TCJA, las utilidades retenidas en los paraísos fiscales no podían ser repatriadas a EE.UU para recomprar acciones de la corporación, pagar dividendos, cancelar de deudas o fondear fusiones y adquisiciones so pena de pagar impuestos por el ingreso de tales recursos.


Es interesante señalar que con la implantación de la TCJA cerca de 2,2 billones de dólares propiedad de las multinacionales estadounidenses en el exterior podían ser repatriados pagando un pequeño impuesto, pero solamente 600 millardos ingresaron al país aprovechando este incentivo impositivo.


Con la desaparición de la TCJA los incentivos para mantener operaciones en los paraísos fiscales también desaparecen, hecho que tendrá poco impacto en aquellas corporaciones estadounidenses que tradicionalmente mantienen sus operaciones en el país.


La gran pregunta del corto plazo es sí el partido demócrata tendrá suficiente capital político para lograr subir la tasa corporativa de impuestos al nivel de 28 por ciento vigente previo a la Administración Trump. Los demócratas tienen poco menos de dos años para lograrlo, ya que meses antes de las elecciones de mediados de periodo las agendas parlamentarias se enfocaran en los tópicos calientes de la contienda electoral.

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