Veinticuatro por Siete: El Mercado que nunca duerme
- Arca Análisis Económico
- 10 feb
- 5 Min. de lectura

Resumen
La digitalización y el impulso bursátil tras la pandemia han abierto la puerta a operar acciones las 24 horas. Actualmente, la plataforma Blue Ocean ofrece un mercado nocturno exclusivo para Dark Pools, donde las transacciones no publican precios. Dos proyectos buscan ampliar este acceso: 24 Exchange (24X), con sede en Bermudas, que opera provisionalmente y planea hacerlo 23 horas diarias, y el NYSE, que propuso a la SEC un horario de 1:30 a.m. a 11:30 p.m., reservando dos horas para soporte.
El avance de la digitalización en los servicios financieros dirigidos al público de detalle, así como el uso de tiempo libre y de los subsidios recibidos por muchos estadounidenses durante la pandemia, ha abierto la posibilidad de poder realizar operaciones bursátiles a cualquier hora del día o de la noche.
En la actualidad, los mercados de divisas, las criptomonedas y los contratos a futuros sobre el S&P 500 funcionan a efectos prácticos las 24 horas del día. En el caso del S&P 500, la diferencia de 13 horas entre Japón y la Costa Este de los EE. UU. ha requerido que se ofrezcan títulos de cobertura sobre este índice accionario estadounidense cuando comienza la jornada laboral en Tokio.
Sin embargo, muchos podrían preguntarse por qué hay presiones para extender el horario de operaciones del mercado accionario estadounidense más allá de las horas comerciales convencionales.
Para responder a esta pregunta, vale la pena recordar que desde hace un par de décadas las bolsas de valores estadounidenses comenzaron a ofrecer sesiones de trabajo extendidas que van desde las 4 a. m., hora del Este, hasta la apertura oficial del mercado a las 9:30 a. m. Y que se prolongan luego del cierre de la jornada oficial a las 4 p.m. hasta las 8 p.m., hora del Este.
En los horarios previos y posteriores a la jornada oficial operan mayoritariamente inversionistas especializados que saben que la liquidez accionaria es limitada en esos periodos. Pero los cambios de hábitos que se generaron durante la pandemia han atraído la atención de una nueva cohorte de individuos que quieren intervenir en el mercado de acciones sin interferir con sus jornadas laborales.
Una extensión de horarios para atender a audiencias emergentes trae consigo nuevas demandas a la industria de la inversión. En primer lugar, es necesario fijar convenciones en temas tan básicos como cuál es el momento en que se cierra la jornada comercial; esto es relevante porque en ese instante se fija el precio de cierre de las acciones que se usa para valorar los fondos mutuales, los exchange traded funds y algunas opciones y contratos a futuros sobre instrumentos de renta variable.
En segundo lugar, tenemos el caso de los operadores del mercado accionario que ejecutan las operaciones de compra y venta de los titulares valores, y los cuales se preocupan sobre la liquidez de estos mercados en estos horarios extendidos.
En la actualidad, ya existe un mercado nocturno a través de una plataforma transaccional llamada Blue Ocean, en la que solo participan los llamados dark pools, que son grupos privados de operadores bursátiles que cruzan operaciones entre sí exclusivamente. La naturaleza de “club cerrado” les exime de la obligación de hacer públicos los precios a los que cruzan sus transacciones.
Los volúmenes de operaciones a través de Blue Ocean son una pequeña fracción si se compara con las operaciones de la bolsa de Nueva York en los horarios convencionales, pero dan la oportunidad de conectar a los operadores estadounidenses en los horarios comerciales de sus contrapartes asiáticas, lo que les permite expandir sus redes de negocios. En tercer lugar, están las presiones organizacionales que se derivan de mantener una organización funcionando las 24 horas del día, lo que implica el reto de monitorear el riesgo del negocio en aquellos momentos en que los funcionarios de la casa matriz están fuera de su horario laboral, o el mantener los sistemas de información trabajando de manera continua sin contar con espacios de tiempo sin actividad en los que tradicionalmente se hacen ajustes, respaldos, actualizaciones y otras operaciones administrativas.
Existen dos iniciativas con mayor alcance que el de Blue Ocean que han estado trabajando con la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) para operar en este horario extendido.
La primera de ellas es 24 Exchange, conocida por sus siglas 24X, que empezó a operar de manera provisional en noviembre de 2024 y tiene sede en Bermudas. Cuando se resuelvan algunos temas de infraestructura para dar cuenta de requerimientos regulatorios, aspira a operar 23 horas diarias, reservando una hora para los cierres administrativos.
La segunda es el New York Stock Exchange (NYSE), que sometió a la aprobación de la SEC su plan de extender su horario de operación de 1.30 a.m. a 11.30 p.m., dejando dos horas para ejecutar labores de soporte.
Las bolsas de valores ya mencionadas son responsables de llevar un registro de sus precios de compra y venta a lo largo del día, de manera que cualquier inversionista pueda comparar el precio que obtuvo de su corredor con los reportados por estos entes, para así garantizar que las operaciones siempre se cierren al mejor precio posible.
La percepción general es que sí existe un mercado global que justifica estos horarios extendidos, sobre todo si se mantiene la tendencia de algunas grandes empresas de deslistarse de sus bolsas de valores nacionales para hacerlo en EE.UU.
Sin embargo, la aceptación última de este nuevo horario solo será posible cuando se resuelvan dos tipos de preocupaciones muy diferentes. La primera de ellas es la alteración de canales informales de comunicación donde los operadores del mercado, gerentes de fondos de inversión e inversionistas institucionales comparten en el día a día sus impresiones sobre los movimientos de los precios, y estos diálogos son posibles porque la mayoría de estos individuos viven en husos horarios razonablemente compatibles. No está claro cómo se darán estos diálogos en un mundo donde las rutinas de trabajo cambiarán para adaptarse a los nuevos esquemas de operación.
La segunda familia de preocupaciones tiene que ver con la aplicación de las reglas actuales de operación que tendrían que adaptarse para un horario nocturno. ¿Qué pasa si un gran movimiento de precios sucede cuando mercados como Nueva York o Londres están cerrados? ¿Cómo se adaptarán los mecanismos para activar la suspensión temporal de la cotización de una acción cuando surgen inesperadamente piezas de información que afectan sus precios?
También cabe preguntarse cómo debería cambiar la interpretación de lo que es “el mejor precio”, cuando un flujo de transacciones importante pudiera ejecutarse en esos horarios extendidos.
La operación en horarios extendidos requiere tener personal activo las 24 horas en los bancos de inversión. Pero la realidad es que la escasa liquidez durante las horas nocturnas hace que, por ahora, sea un momento poco atractivo para que los grandes actores negocien acciones estadounidenses.
En el mediano plazo el panorama puede cambiar, y si el negocio lo justifica, los recursos humanos y materiales se asignarán para hacer posible este cambio. Pero queda de parte de los funcionarios de estas instituciones evaluar cómo este esquema de operaciones afectará sus vidas privadas. ¿Valdrá la pena el sacrificio?









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