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Vienen los chinos


El gobierno chino está dando diversos pasos para que sus inversionistas nacionales puedan adquirir títulos financieros en el exterior. La ampliación de la oferta del menú de inversión facilitará la diversificación de las carteras individuales y creará una válvula de escape para cuando la oferta de instrumentos de ahorro e inversión locales sea insuficiente, evitando la formación de burbujas en los precios de los activos financieros. El acceso de los chinos a los mercados financieros internacionales es una tendencia irreversible, pero tendrá muchas marchas y contramarchas.

Una de las grandes aspiraciones de los gobiernos occidentales es que los bancos de sus países tengan acceso a los distintos segmentos del gran mercado financiero chino. El proceso de apertura no ha sido sencillo, objeciones de todo tipo a la apertura han surgido: temas de seguridad nacional, competencia entre los reguladores chinos y estadounidenses para supervisar las empresas que cotizan en ambos mercados, mezcladas con las reticencias naturales de los jugadores locales, han hecho que los bancos extranjeros hayan tenido que ir labrando su presencia en el país a través de alianzas con las instituciones locales.


Tal proceso de apertura, ha dejado en segundo nivel el desarrollo de otra opción: y es la de que los inversionistas chinos salgan al exterior en busca de servicios financieros, especialmente en el caso de las personas naturales.


El control cambiario vigente en China, permite a los individuos comprar hasta 50 mil dólares anuales en divisas. Dinero que puede ser destinado para educación, turismo, cultura, etc., pero nunca ha sido concebido como una ventana para permitir la salida de capitales. De allí, que en el pasado productos financieros diseñados para aprovechar esta opción, pero que en el fondo no eran más que mecanismos de fuga de divisas, rápidamente fueron prohibidos por las autoridades locales.


Es por ello que están considerando la posibilidad de que las compras de las cuotas de divisas puedan ser utilizadas, sin autorización previa, para adquirir acciones y pólizas de seguro.


Otro canal que existe para dar acceso a los inversionistas chinos a títulos financieros extranjeros es a través de su participación en los llamados Qualified Domestic Institutional Investors (QDII), que son bancos y compañías de seguro que pueden vender participaciones en pooles de instrumentos de renta fija y variable comprados en los mercados internacionales. Tal mecanismo existe desde el 2006, y en junio del 2021, las autoridades locales autorizaron a las instituciones participantes en el programa nuevas compras de hasta 10 mil millones de dólares en títulos valores.


Los activos financieros de los hogares chinos han crecido en las dos últimas décadas en un promedio de 15,5% anual. De allí, que el monto de dinero invertible de este grupo de inversionistas será del orden de 46,3 billones de dólares para el año 2025, por lo que los grandes bancos de inversión estadounidenses y europeos trataran en alianza con los actores locales de tomar una tajada de este negocio.


La apertura del flujo de capitales chinos no es un tema trivial. Se estima que por el orden de 3 billones de dólares entrarían anualmente a los mercados financieros internacionales sí solo el 10 por ciento de los hogares chinos destinarán su cuota de divisas a la compra de activos financieros en el exterior. Al fin y al cabo estamos hablando de una clase media muy cercana a los quinientos millones de personas.


La incursión de los inversionistas chinos en los mercados financieros internacionales debe verse desde diferentes ángulos. Por un lado, su presencia en los mercados de renta fija, será un factor adicional que contribuirá a la baja de las tasas de interés en los países occidentales.


Por otro lado, los procesos de liberalización económica de China no se caracterizan por ser lineales, queremos decir con esto, que si bien en el largo plazo, la economía china necesita una mayor integración con el resto de la economía mundial, habrán avances y retrocesos causados por la volatilidad de los mercados financieros internacionales y por reacomodos políticos dentro del partido comunistas, ya que no todos los grupos de interés dentro del partido ven la apertura económica con los mismos ojos.


Adicionalmente, hay que considerar el impacto que pueden tener los inversionistas institucionales chinos en el gobierno corporativo de las empresas occidentales de oferta pública, sí a través de sus vehículos de inversión pueden concentrar grandes bloques accionarios. En el camino habrá cabildeo para limitar la presencia china en la propiedad de compañías de oferta pública que pueden ser consideradas estratégicas.


Es muy probable que los gobiernos de China y Occidente exijan la nivelación del terreno de juego, para que sus empresas nacionales sean medidas con el mismo rasero al momento de inscribir sus acciones en los mercados de valores chinos y occidentales. Los reguladores occidentales, sin duda alguna, presionarán para que haya mayor transparencia en la emisión de información y en el ejercicio de la gobernanza de las empresas asiáticas.


El camino de la apertura de los mercados financieros para los pequeños inversionistas será lento y tortuoso, las recompensas económicas para los bancos occidentales serán cuantiosas y al final se expandirá el menú de las estrategias posibles para todos los actores de un mercado globalizado.

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